Empezamos el nuevo curso: ¿por qué pensar?

A continuación te presentamos un texto escrito hace ya tiempo (en 1928), por un filósofo español que te sonará del curso pasado. Su nombre es José Ortega y Gasset. Te propongo que lo leas detenidamente. Estaba dirigido a los jóvenes de aquel tiempo. Vamos a ver si estos cuatro consejos siguen siendo válidos hoy para nosotros. Se trata simplemente de que realices las siguientes actividades:
  1. Dialoga con tus compañeros/as sobre el plan de discusión
  2. Señala la idea o frase del texto que más te llame la atención. Explica brevemente qué es lo que te llama la atención, las razones que explican tu interés por la idea o frase.
  3. Escribe alguna pregunta, idea o frase que te haya sugerido el texto.

PLAN DE DISCUSIÓN

Para poder conectar con el texto tratemos de sintonizar con una serie de preguntas que podrían ser algo así como:
  • ¿Qué significados tiene la palabra «valor»?
  • ¿Qué cosas se consideran valiosas hoy en día?
  • ¿Qué es lo más valioso para ti?
  • ¿Qué es lo más valioso para tu amigos/as? ¿coinciden contigo?
  • ¿Podría suceder que lo que tú, tus amigos, tus padres, profesores, políticos etc. consideran valioso, realmente no lo fuera? Pon ejemplos
  • ¿cómo reconocer lo que vale la pena?
  • ¿cree que tiene algún valor pensar, reflexionar, argumentar, dialogar?

TEXTO

¿Veis cuán importante seria que vosotros llegaseis a la madurez con una exquisita sensibilidad para distinguir entre el valer verdadero y el falso? A este fin yo os recomendaría, entre otras, cuatro reglas o criterios:
1. No hagáis nunca caso de lo que la gente opina. La gente es toda una muchedumbre que os rodea -en vuestra casa, en la escuela, en la Universidad, en la tertulia de amigos, en el Parlamento, en el circulo, en los periódicos. Fijaos y advertiréis que esa gente no sabe nunca por qué dice lo que dice, no prueba sus opiniones, juzga por pasión, no por razón.
2. Consecuencia de la anterior. No os dejéis jamás contagiar por la opinión ajena. Procurad convenceros, huid de contagios. El alma que piensa, siente y quiere por contagio es un alma vil, sin vigor propio.
3. Decir de un hombre que tiene verdadero valor moral o intelectual es una misma cosa con decir que en su modo de sentir o de pensar se ha elevado sobre el sentir y el pensar vulgares. Por esto es más difícil de comprender y, además, lo que dice y hace choca con lo habitual. De antemano, pues, sabemos que lo más valioso tendrá que parecernos, al primer momento, extraño, difícil, insólito y hasta enojoso.
4. En toda lucha de ideas o de sentimientos, cuando veáis que de una parte combaten muchos y de otra pocos, sospechad que la razón está en estos últimos. Noblemente prestad vuestro auxilio a los que son menos contra los que son más.

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