Personas

Federico Delgado Ferrera

Director Territorial de Educación

El presente artículo recoge una experiencia profesional y, fundamentalmente, vital: la puesta en marcha de un proyecto para la Dirección Territorial de Educación cuyo eje principal es el cuidado de las personas. El texto hace un recorrido por la estructura y competencias de un centro directivo que adapta sus tareas a las exigencias de una época de cambios marcada por la irrupción de la COVID-19. Y sostiene como tesis principal que, dentro y fuera del aula, el pilar fundamental de la escuela es la comunicación.

La covid se está llevando un mundo. A la pérdida irreparable de vidas humanas, se suma el descosido en las relaciones que manteníamos. De modo que la pandemia alumbra un nuevo registro de convivencia. 

Hace un año, y al calor de una calima similar a la de este febrero de 2021, aparecían las primeras mascarillas por las calles de nuestras ciudades. Con asombro y, sobre todo con incertidumbre, asistimos al primer caso positivo por SARS-CoV-2 de España en La Gomera y poco tiempo después, al aislamiento de todo un hotel en Costa Adeje. Sin apenas quitarnos el disfraz de aquel “bichito verde” que entonces apenas conocíamos, en Canarias nos asomábamos al abismo antes que el resto de Comunidades Autónomas del Estado. El planeta fijaba su mirada en las 890 personas puestas en cuarentena en el sur de Tenerife y los medios internacionales de referencia recogían en sus portadas la decisión que inauguraba una experiencia inédita. Estábamos siendo testigos en primera persona de un acontecimiento que era el preludio del momento en que se paró el mundo. El mundo que el coronavirus empezó a llevarse.

Hoy, pasado el confinamiento, aplanada por tercera vez la curva, y con síntomas de fatiga pandémica, la prensa recoge un titular que llama a la esperanza: “Canarias, única comunidad con más vacunados que contagiados”. Más allá de la noticia, y sin entrar en la arena política, se agradecen las palabras que superan meses de porcentajes expresados en términos belicistas. Que la protagonista sea la vacuna no hace más que recordarnos que lo importante sigue siendo el cuidado de las personas.

Va a cumplirse un año y medio desde mi llegada a la Dirección Territorial de Educación de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Crisis sanitaria aparte, la clave principal del trabajo que venimos desarrollando durante estos meses es la comunicación. Y, precisamente, la comunicación, la palabra, es la característica que nos define como seres humanos. Por tanto, pese a la necesidad de moldear los objetivos iniciales, el proyecto para la Dirección Territorial (DT) pasa por poner al equipo de personas que la gestiona a disposición de las comunidades educativas. 

La tarea principal del centro directivo que tengo la responsabilidad de dirigir es prestar un servicio triangular: asesoramiento, atención y acompañamiento. Esta labor se desempeña diariamente, sobre todo con los directores y directoras de los centros educativos, quienes en este curso singular están demostrando más que nunca su capacidad de liderazgo. La DT quiere ser el paraguas que dé amparo y seguridad a nuestros equipos directivos. Por eso nos honra ser el puente entre los centros y el resto de la Administración. 

Si bien el servicio es nuestra tarea, la coordinación es la forma de llevarla a cabo. Una coordinación que ejercemos en dos planos: por un lado, con los órganos territoriales; por otro, con los órganos superiores. En este sentido, en el ámbito territorial destaca la comunicación con la Inspección Educativa, con las Direcciones Insulares y con la Dirección Territorial de Las Palmas. Pese a que cada zona educativa tiene su peculiaridad, y eso supone que las acciones sean locales, el planteamiento, el discurso y los fines deben ser globales y compartidos. En relación con los órganos superiores, la DT tiene canales permanentemente abiertos con las Direcciones Generales, con la Viceconsejería, con la Secretaría General Técnica y con el Gabinete de la Consejera. Así, cuando los casos que nos llegan pueden resolverse en el ámbito de nuestras competencias, tratamos de gestionarlos con agilidad y pragmatismo, y a la vez con franqueza y con la mayor asertividad posible. Cuando se trata de casos que competen a otros centros directivos, los derivamos haciéndoles seguimiento. 

La empatía con quienes están en la primera línea de gestión es una de las señas de identidad de este equipo de la DT, al que se han ido incorporando perfiles amables y profesionalmente solventes. De esta manera, el equipo de apoyo al Director Territorial lo componen personas con experiencia docente y en la gestión educativa. A este equipo se suma también la Defensora del Alumnado, cuya oficina está adscrita a la Dirección Territorial, así como las personas que ocupan las Jefaturas de los dos grandes Servicios en torno a los que pivota la estructura de la DT: la Secretaría Territorial, con competencias en materia de personal docente y personal no docente, y el Servicio de Asesoramiento Jurídico y Atención a Centros, que se ocupa de una amplia gama de asuntos, como la aprobación de cuentas justificativas, la autorización de uso de instalaciones, la resolución de reclamaciones (escolarización, calificaciones), o la tramitación de las ayudas al estudio para educación especial y becas generales no universitarias convocadas por el Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP), entre otros. De ambos Servicios dependen Secciones y de estas, Negociados, y toda la estructura da cabida a más de 70 trabajadores y trabajadoras. 

Los números aquí no son simples cifras. Podemos hacer referencia a la atención a más de 12000 docentes, 4000 no docentes, 12500 alumnos y alumnas, más de 400 centros públicos. Podemos destacar que los expedientes de becas MEFP tramitados superan los 20000. Pero lo más importante es que hablamos de personas. Personas que atienden a personas, que se relacionan, que aprenden nuevos códigos y que adaptan sus tareas al ritmo del teletrabajo y de los sistemas híbridos de presencialidad. 

Las personas son lo imprescindible. Su cuidado, la prioridad. Evitar el contagio se ha convertido en el mayor ejercicio de responsabilidad. Nos ha puesto como sociedad el gran reto de cuidarnos para cuidar al otro/a, o planteado a la inversa: de estar pendiente del cuidado de los demás para velar por el cuidado propio. El virus ha destapado las miserias del sistema, nos ha obligado a parar y, a la vez, a reinventarnos para seguir. Nos ha recordado la vulnerabilidad de la especie. Ha sido capaz de reordenar la lógica planetaria. Se ha llevado el mundo de multitudes y nos ha puesto la tecnología al servicio de la comunicación. De alguna manera nos ha reiniciado, y como en todo comienzo, tenemos la oportunidad de hacerlo mejor.

A las personas que he conocido, que me han acompañado, que me han dejado acompañarlas, dentro y fuera del aula, gracias. Seguimos.

[DPF Personas – Jameos Digital 9]

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