Trenes en vía muerta

CINE: COMPARTIMENTO Nº 6

Un grupo de amigos charla animadamente en un piso de Moscú, mientras se reta a descubrir la autoría de las citas más diversas. Entre ellas, una de Víktor Pelevin -sacada de su novela El meñique de Buda– atrapa por un instante la atención del espectador: «Para huir no debes saber a dónde huyes, sino de dónde». Parece anticipar así lo que está a punto de suceder en pantalla, cuando la pupila y último amor de la dueña del inmueble se dispone a emprender un largo viaje a un destino tan remoto como incierto es el origen de su decisión.

Únicamente sabemos que se trata de una joven finlandesa (Seidi Haarla), estudiante de arqueología en la universidad moscovita de Múrmansk. Para llegar a esta ciudad noroccidental del país -cercana a la frontera con Noruega y Finlandia, en la región de Laponia-, la resuelta mujer sube a un tren en la capital para recorrer los casi dos mil kilómetros que separan ambos puntos en el mapa. Un día y medio de trayecto durante el que se verá obligada a convivir con un minero ruso (Yuriy Borisov) en el Compartimento nº 6, habitáculo que da título al segundo trabajo del finés Juho Kuosmanem y a la novela de su compatriota Rosa Liksom en la que se inspira.

La cámara del realizador nos invita a entrar en ese reducido espacio de intimidad y acompañar a su pareja protagonista en una gélida road movie (en realidad, rail movie) que reúne a dos extraños en un tren. Dos desconocidos, eso sí, sin las aviesas intenciones de aquellos creados por la mente de Patricia Highsmith y trasladados luego a la gran pantalla por Alfred Hitchcock. Los que aquí se cruzan sus caminos, hasta acabar entablando una insólita amistad, son dos vagones en vía muerta, detenidos en una encrucijada vital atravesada por la soledad, el desconcierto de lo que pudo ser y no fue, y la incertidumbre de lo que está por venir.

Uno bebe para olvidar, la otra graba para recordar. Proceden de dos mundos muy alejados entre sí, tampoco su carácter y sensibilidad presentan rasgos comunes. Sin embargo, el encuentro casual a bordo de ese convoy, con la improbable relación que se establece entre ellos, les sitúa ante el espejo de sus propias búsquedas y afanes por conocerse y aceptarse. A sí mismos y al de enfrente. No en vano, comparten esa sensación de que a algunas personas -más aún en determinadas circunstancias y lugares- todo les queda casi siempre demasiado lejos. No solo en términos geográficos, sino también emocionales.

Con una puesta en escena glacial pero cautivadora, Compartimento nº 6 bebe el cine social del maestro Aki Kaurismäki y su predilección por los desheredados del sistema, para contarnos una historia que -aun en su rigor climático y afectivo- rebosa calidez, humanidad y agradables destellos de romanticismo y humor. Una travesía exterior e interior que nos traslada a los confines del continente, a un tiempo sin móviles y con cabinas, cuando las conexiones se producían cara a cara sin el parapeto de la tecnología. Corriendo y asumiendo riesgos, aunque disfrutando de la sorpresa y novedad de cada acercamiento. Algo semejante a lo que puede experimentar cualquiera que se anime a ver esta bella película, Gran Premio Especial del Jurado en el último Festival de Cannes y llamada a ser una de las producciones europeas más importantes del año.

J.L. CELADA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *