Linchamiento digital

Shitstorm significa «linchamiento digital». Así de claro y de duro. No hace referencia solamente a los insultos, ataques sistemáticos y abusos a través de las redes sociales. Alude a lo más íntimo de la persona, que se ve atacada, en nombre de la libertad de expresión, precisamente en su derecho a la libertad de expresión.

Esta realidad evidencia, primero, lo que le falta por aprender a todo el mundo -a unos más que a otros- sobre el respeto a ideas y planteamientos distintos. En segundo lugar, cómo una persona es capaz de emitir juicios sumarísimos por algo que ha oído o leído por encima. Y, en tercer lugar, la incultura de quienes viven instalados en la cultura de la incultura.

Casi nadie lee, pocos reflexionan, menos estudian. Citar a algún escritor que no sea Saint-Exupéry -nótese que cuando les preguntan a algunos qué libro están leyendo, siempre es El Principito– es tildarte de sibarita. Hablar de filosofía es ser retrógrada. Conocer a los clásicos, una pérdida de tiempo. No aplaudir alguna teología radical, sectaria e ideologizada te estigmatiza. Hacer un comentario sobre un tema sobre el que estás capacitada para hablar, desencadena las furias del infierno.

Como cristianos o simplemente como seres humanos con sentido común, es una cuestión ética y moral desenredar las redes sociales. No podemos consentir que los gritos ahoguen la palabra equilibrada y serena que aporta y anuncia. No podemos consentir que el insulto se convierta en categoría de comunicación, ni que el exabrupto sea la manera «coloquial» y admitida socialmente de dirigirse a alguien.

Me cuesta asumir que el estercolero que muchas veces manifiestan las redes, pueda darse entre el común de los mortales. Pero me resulta inverosímil cuando veo que ese estercolero también se da entre cristianos, añadiendo una ironía sarcástica y afilada como un cuchillo. Me causa una tristeza y una impotencia extremas y, a la vez, me maravilla la capacidad de no devolver el golpe de muchas personas que son atacadas. Hay que ser de muy buena pasta para resistir. Cada vez creo más en el silencio que ahoga la mala educación.

CRISTINA INOGÉS. Teóloga

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.