La rebelión de «los nadies»

CINE: NUEVO ORDEN

Se le atribuye con frecuencia a Platón aquello de que «solo los muertos han visto el final de la guerra». La cita, sin embargo, pertenece a la obra Soliloquios en Inglaterra, de George Santayana (1863-1952). Y a este filósofo de origen español y profesor en Harvard le debemos también la reflexión que daría lugar a una de las sentencias más recurrentes y menos practicadas entre los humanos de cualquier época: «Quien no conoce su historia está condenado a repetirla».

¿Por qué esta aparente disgresión inicial para hablar del Nuevo orden imaginado por Michel Franco? Porque la distopía tan real que plantea el realizador mexicano en su último trabajo no solo pone en guardia al espectador ante un futuro no muy lejano, incluso el presente, de su país (de cualquier país), sino que anima a buscar en el pasado las causas del caos y el pánico desatados que asaltan la pantalla durante una hora y media. Una situación descontrolada y de incierto desenlace, que revela el enfoque equivocado con el que muchos gobernantes se enfrentan a las crisis: en vez de atender a las razones del descontento social, se limitan a sofocar los levantamientos cuando se producen.

Los hechos arrancan en una lujosa vivienda de una exclusiva colonia residencial en Ciudad de México, donde políticos, arquitectos, abogados y otros invitados de postín se dan cita para celebrar la boda de la hija del anfitrión, blindados por un fuerte despliegue de seguridad privada. Una pintura mural del artista abstracto local Omar Rodríguez-Graham, de título ya familiar y premonitorio (Solo los muertos han visto el final de la guerra), preside la celebración. Simultáneamente, a escasos metros de allí, del otro lado de los altos muros de la casa, una manifestación de las clases populares está derivando en una revuelta de impredecibles consecuencias.

El choque violento de dos mundos tan alejados entre sí se antoja inevitable, y la burbuja de bienestar ciego y sordo que se han construido esos blanquitos, ajenos incluso a las necesidades de su propio servicio doméstico, pronto saltará por los aires, convirtiendo lo que se presumía como una jornada de felicidad en una pesadilla de violencia, destrucción y muerte. Un dramático giro de los acontecimientos que dará paso a un golpe de Estado y la consabida represión militar, de la que no se libra nadie: ni los ricos con sus limosnas ni los pobres con sus carencias.

A partir de ese momento, la joven novia y uno de los sirvientes que trabajan para la familia serán nuestros ojos en un viaje sin concesiones por el horror (cadáveres que se hacinan en la calles) y la miseria moral (colas de la sed) de un tiempo sometido a confinamientos y toques de queda , mientras los abusos, extorsiones, torturas, secuestros y ejecuciones campan a sus anchas. Un estallido visual y sonoro, tan sobrecogedor como hipnótico, del que resulta difícil sustraerse.

El Nuevo orden concebido por Franco no encierra la promesa de un cambio, sino una urgente advertencia: o reducimos por medios civilizados el insostenible abismo de las desigualdades, sin acallar las voces disidentes, o la rebelión de «los nadies» colapsará un día el sistema establecido abriendo la puerta a un escenario insospechado y quién sabe si irreversible.

Disfruten de esta gran película… si el cuerpo y la conciencia se lo permiten.

J. L. CELADA

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