642 cosas sobre las que escribir

Este libro lo descubrí gracias al canal de YouTube de Javier Ruescas. En el mundo de los booktubers se descubren maravillas y las opiniones de este autor siempre son dignas de ser tenidas en cuenta.

642 cosas sobre las que escribir, de The San Francisco Writers’ Grotto, editado en España por Plaza y Janés, es súper curioso.

Son, literalmente, 642 propuestas de escritura.

Cada vez que lo abro descubro algo diferente, interesante, sugerente.

Vamos a plantear aquí cuatro de ellas y a darles un poco de forma para que se acerquen a lo que haremos realmente:

  1. «Te despiertas en una cuneta de la carretera, tirado junto a una bicicleta, amnésic@ y sin documentación ni cartera». Puedes ser quien quieras, tener la edad que quieras… Imagina qué sucede, por qué, cuándo…
  2. «Escoge una decisión que hayas tomado respecto a una mudanza, un trabajo o una relación. ¿En qué aspectos sería distinta tu vida si hubieras tomado otra decisión?». Como la mudanza, el trabajo y la relación quizás se nos queden un poco grandes, vamos a escribir sobre cualquier decisión que consideremos importante que hayamos tomado en la vida y escribir sobre qué hubiera pasado si hubieras escogido otra opción.
  3. «Escoge un cuento de hadas clásico y adáptalo al entorno de la localidad en la que vives». Puedes simplemente, en lugar de adaptar el cuento completo, escoger el personajes de cualquier clásico y hablar de él o ella como si viviera donde tú vives.
  4. «Escribe veinte detalles que describan la manzana del barrio donde vives». A lo mejor no vives en una manzana de edificios o casa, sino en una casa o conjunto de casas aisladas… Da igual: veinte detalles del lugar en el que vives (no del interior de tu casa, sino del exterior).

Actividad:

Primer paso: elige una propuesta.

Tras saber sobre qué opción quieres escribir, vamos a empezar pensando: pensar es importante y estamos poco acostumbrad@s a hacerlo antes de lanzarnos a escribir. Parece que el profesorado quiere al alumnado todo el tiempo «haciendo algo» y nos disgusta cuando vemos a un alumno o alumna «pescando» (reflexionando). No obstante, yo, en este caso, te invito a darte un respiro de cinco minutos para aclarar un poco las ideas.

Después, escribiremos un borrador.

En tercer lugar, revisaremos el texto varias veces, incluso aunque creamos que está bien. Seguro que hay aspectos que puedes mejorar. Siempre los hay.

Finalmente, para acabar, pásalo a limpio. Escúchame y hazme caso: en cada clase siempre hay varias personas que creen que su borrador está bien y es eso lo que entregan. Gran autoestima, pero hay que limarla. Cuando les entrego la corrección son l@s primer@s que ponen el grito en el cielo por el elevado número de errores que les señalo. El texto que presentes debe estar en las mejores condiciones posibles (de ortografía, de sentido, de estilo, de limpieza…).

Microrrelatos en el aula

Vamos a leer esta selección de 12 breves textos:

Había una vez, de Javier Quiroga.

Un apuesto joven llama a la puerta y le pide que se calce la más hermosa de las zapatillas. En cuanto observa que esta se ajusta al pie perfectamente, la toma del brazo al mismo tiempo que le dice:

—Queda usted arrestada, esta zapatilla fue hallada en la escena del crimen.

El miedo, de Eduardo Galeano.

Una mañana nos regalaron un conejo de indias.

Llegó a casa enjaulado. Al mediodía le abrí la puerta de la jaula.

Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad. 

Hablaba y hablaba, de Max-Aub.

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Bebo, de Sergio Arias Sánchez.

Bebo para que me creas cuando digo que he arado mares, regado plantas de dos cabezas y aniquilado especies. Para sentirme vivo cuando duermo, para notar la lluvia. Bebo para poder caminar entre ellos.

¿Y para olvidar?

No. Para olvidar, beben ellos.

Acción, de Bernardo Sánchez.

Su epitafio decía: “Por fin me pasa algo”.

Declaración, de José García Fernández.

Se me paró el corazón

en el latido que tú querías.

Deus ex machina, de Carolina Navarro Diestre.

El personaje de este relato tomó conciencia de que su ser solo estaba formado por palabras desde la primera línea.

Fue ya en la segunda línea cuando, entre ser una marioneta más de mi imaginación o una no existencia más digna, eligió la nada…

Amenazas, de William Ospina.

-Te devoraré -dijo la pantera.

-Peor para ti -dijo la espada.

Final para un cuento fantástico, de I.A. Ireland.

-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!

La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.

-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!

-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.

Pasó a través de la puerta y desapareció.

El gesto de la Muerte, de Jean Cocteau.

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.

 El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.

Ángeles, de Espido Freire.

Apostados cada uno en una esquina de la cama le veían cada noche rezar y dormir. Una vez quisieron mostrarse. El niño rompió a gritar y su madre trató de convencerle de que los monstruos no existían. Ellos bajaron la cabeza, avergonzados, y ocultaron su fealdad tras sus alas.

Mensaje, de Thomas Bailey Aldrich.

Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.

Vamos ahora a hacer una lluvia de ideas:

¿En qué coinciden estos texto? ¿Cuáles son sus semejanzas?

El curso escolar anterior llevé el tema de los microrrelatos al aula, en un 4º de la ESO, y el resultado fue éste:

Todas las aportaciones las hicieron los chicos y chicas del grupo.

De esta lluvia de ideas podemos extraer la teoría, que tenemos, además, explicada en un montón de páginas, como, por ejemplo, la que podemos leer en el siguiente enlace escrito por Haizea Ustaran:

https://microcuento.es/que-es-un-microcuento/

A continuación, consultaremos los doce consejos que nos da Iria López Teijeiro en su blog, para escribir uno:

Y… ¡a escribir!

Seguro que nos salen textos estupendos. ¡Ustedes siempre logran sorprenderme!

Familiarium

Les presento un libro precioso, precioso: Familiarium, de Mar Cerdá, publicado por la editorial Comanegra. Te enlazo su página web, por si quieres echarle un vistazo:

http://comanegra.com/infantil-i-juvenil/528-familiarium.html?search_query=familiarium&results=2

Es un libro que aborda el tema de la diversidad familiar (sólo con imágenes, sin texto). Y es, repito, delicioso. Se lo compré a mi hijo pequeño hace más o menos un año, pero lo guardo yo, con mucho cuidado y mimo… Así que, más bien, ahora el libro es «mi tesoro».

¿Quiénes forman tu familia? Sea como sea, en este libro la puedes encontrar reflejada.

Nosotr@s vamos a aprovechar toooooooodas las posibilidades que tiene y vamos… ¡a escribir!

Vamos a escribir un texto en el que cuentes la historia de una de las siguientes familias:

Elige una de las imágenes y después intenta responder a las siguientes preguntas:

¿Quiénes son? ¿Cómo han llegado ahí? ¿Hay algún miembro que no esté? ¿Y cuál es el motivo? ¿Qué profesiones tienes l@s adult@s que la forman? ¿Les gustan a est@s sus profesiones? ¿O quizás están desemplead@s por el momento… o criando a sus hij@s en casa? ¿Van al cole l@s niñ@s? Si van, ¿cómo les va allí? Y, si no van, ¿cuál es el motivo? ¿Son sus padres y madres quienes les acompañan en la imagen?…

Y así, un millón de preguntas que puedes hacerte antes de ponerte a escribir.

Cuando tengas clara cuál es la historia de la familia que has escogido, escribe un borrador. Después corrige los errores y perfecciona lo que puedas. Si tienes a quien acudir, puedes pedir ayuda a alguien para que te lo revise y te aconseje con la redacción y la ortografía. Y, finalmente, pásalo a limpio.

Ojo, cuida la limpieza del texto que entregues. «Pasarlo a limpio» es eso mismo: «a limpio».

Si eres profe y estás leyendo esto, considera también la posibilidad de trabajar la oralidad (infantil, primaria, secundaria) con esta misma actividad y te animo a hacerte con el libro: es una fuente de posibilidades.

Receta de la felicidad

Y, ahora que ya hemos trabajado el tema de la felicidad, vamos a crear nuestra receta de…

… un momento feliz.

Hace un par de años una amiga me regaló este libro:

Es una obra curiosa y especial. Me encanta: es bellísima y siempre que la abro descubro algo nuevo. Una de las cosas que propone es muy común en el aula: la receta de la felicidad. Pero no por ello la vamos a dejar de plantear, ya que salen trabajos muy, muy bonitos.

Lo primero que necesitamos es saber cómo se escribe una receta.

Para ello, vamos a plantearnos primero quién cocina en casa: ¿tu madre?, ¿tu padre?, ¿un hermano o hermana mayor?, ¿tú mism@?

¿Y cómo lo hacen? ¿Se saben las recetas de memoria, consultan algún libro, ven algún programa de televisión? ¿Tienes en casa recetas escritas por alguien de la familia?

También podemos buscar en Internet. Vamos, por ejemplo, a echarle un vistazo a este enlace:

¡Qué rico! ¿Eh?… Pues manos a la obra con la tuya propia. ¡Pero no vamos a trabajar con comida, sino con emociones!

Vamos a pensar antes de ponernos a escribir:

¿Cuáles son los ingredientes que necesitas para un momento feliz?

¿Cuánto tiempo te llevará preparar esta receta? ¿Media hora? ¿Toda una tarde? ¿Un suspiro?

¿Cuál es su dificultad? ¿Es una receta sencilla, difícil o requiere de muchísima elaboración?

¿Cómo se prepara esta receta? ¿Cuáles son los pasos que tienes que seguir, qué debes hacer con los ingredientes…?

Y ahora… Aquí tienes una hoja sobre la que escribirla. Puedes utilizar este formato que yo te ofrezco o presentar tu propio ejemplo de hoja de receta, pero en ese caso, debes ser cuidados@ y creativ@: que quede tan bonito como el momento merece.

receta-de-la-felicidad-1

Pinceladas de ti, de mí

Una de las películas que más me gustan es Amélie, dirigida por Jean-Pierre Jeunet. La fui a ver al cine yo sola un sábado, cuando tenía 24 años, y me quedé tan impresionada que la volví a ver al día siguiente. El mundo de la protagonista, su colorido, su fantasía, su humor, su capacidad para fijarse en el detalle era… ¡tan yo!

Me encantó el principio, todo un «festín (cinematográfico) para los sentidos», como dice el cliché.

Cuando empecé a dar clase, se me ocurrió que, para conocer un poco más a los chicos y chicas que formaban mis grupos, y para introducirlos en ciertas exigencias de la expresión escrita, iba a utilizar ese comienzo.

Es este. Es un placer verlo contigo.

¿Qué te ha parecido?

Ahora vamos con el ejercicio. Lo primero que tienes que hacer es una lista (en sucio) con cosas que te gustan y con las que te disgustan. Piensa bien en los cinco sentidos. ¿Cuál es tu olor preferido? ¿Qué sonido te pone los pelos de punta? ¿Qué tejido te encanta acariciar?

Te saldrá algo así:

A partir de este listado, escribe el borrador de un texto completo. Sigue estos pasos:

  1. Busca sinónimos, es decir, evita repeticiones: no todo puede ser «me gusta». También están «me encanta», «adoro», etc. No todo puede ser «no me gusta». Ten en cuenta variantes como «no soporto», «me cansa», «me produce rechazo», etc.
  2. Utiliza las comas para separar las oraciones. Pero no abuses de ellas. Usar las comas es un arte: solo lo hacen bien quienes lo practican mucho. Y tú estás empezando…
  3. El mejor consejo que te puedo dar es «Usa el punto y seguido». Es la mejor herramienta que tienes. Empleándolo, nunca te equivocarás.
  4. Léelo y reléelo. Porque tienes errores. Seguro. Algun@s alumn@s tienen tendencia a entregar sin revisar, confiando en que así, a la primera, le ha salido perfecto. Y ya te digo que no.
  5. Si puedes y confías en alguien, pásaselo para que opine y te ayude a corregir la ortografía y en la puntuación.
  6. Pásalo a limpio. Cuida el aspecto de tu trabajo: entrégalo lo más limpio posible. La estética en el texto escrito también importa.

Finalmente, el resultado será algo así:

¿Qué te ha parecido? Fíjate que he dejado atrás alguna cosa que no me cuadraba en el texto final; he añadido los motivos de un placer o la explicación de por qué me causa rechazo algo… es decir, he ido puliendo el texto hasta que me ha parecido que, más o menos, está bien escrito.

Siempre se puede mejorar, claro. Ese e el principio que debe regir toda producción con intención artística.