¡Hola! Hace tiempo que no publico ninguna entrada, pero hace poco, mientras leía este verano, me he encontrado con una forma de narrar inusual y he pensado que nunca viene mal hablar un poco más sobre esto, pese a que ya he abordado este tema en otra entrada. Es la siguiente:
Bueno, al lío. Hoy vamos a ver ejemplos de narradores en las tres personas posibles: 1ª, 2ª y 3ª. Ejemplos de 1ª persona (al que conocemos como «narrador protagonista») y 3ª («narrador omnisciente») los tenemos en muchísimas obras. En realidad, en la gran mayoría. Lo difícil es encontrar ejemplos de textos escritos en 2ª, sobre todo extensos. El más famoso, y al que recurren casi todos y todas las profesoras de Lengua castellana y literatura, es el de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes (1966).
Sin embargo, este verano me he leído los dos títulos de la Serie Kraken, El libro negro de las horas y El ángel de la ciudad, de una autora vasca llamada Eva García Sáenz de Urturi.
En ambos aparecen las distintas tramas de los dos personajes protagonistas (Kraken e Ítaca Expósito) narradas cada una en una persona distinta (en 1ª la de él; en 2ª la de ella) y a veces, en ambas, obviamente, se cuela la perspectiva ofrecida desde una 3ª persona inevitable.
Aquí te apunto la biografía que consta de la autora en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Eva_Garc%C3%ADa_S%C3%A1enz_de_Urturi
Y ahora vamos a leer tres ejemplos claros. Estos fragmentos han sido extraídos de la primera de las obras mencionadas: El libro negro de las horas.
NARARRADOR EN PRIMERA PERSONA
«Así que abrí la caja.
Olía a décadas de polvo y a papel viejo.
El abuelo se adelantó y fui sacando recibos, partes, fotos, certificados de nacimiento y de defunción.
Mientras tanto, los fui colocando, ordenados por orden cronológico, sobre la mesa, como hubiera hecho si el nombre de mi padre no apareciese en cada epígrafe y fuera un caso más a resolver.
Me parecía bastante a mi padre, ambos éramos morenos de ojos oscuros, altos y de hombros anchos.
Miré sus fotos, lo vi mucho más joven que yo, y por primera vez me di cuenta de que ya había superado la edad a la que él murió.
Yo era más viejo, a mis cuarenta y algunos, de lo que él llegó a ser jamás.»
NARRADORA EN SEGUNDA PERSONA
«Miras afuera, no es una tormenta lo que castiga los árboles: es una auténtica tempestad. Es imposible que hayan salido del edificio de la Veracruz. Y has esperado más de una hora, pero nadie vuelve a por ti.
Eres consciente de que algo malo, algo realmente malo está sucediendo. Preguntas por la hermana Aquilina por los pasillos, en la sala de estudios, en la biblioteca de la primera planta. Nadie la ha visto.
Temblando, bajas las escaleras desiertas que te conducen al sótano, a la biblioteca de los ancianos. La tempestad en el exterior es de tal magnitud que hay un rumor de desastre y ramas derribadas que traspasa las paredes de piedra fría del colegio.
Te la encuentras en la puerta de la biblioteca, girando una cerradura con una llave que solo tenéis tú, la directora y ella.
– ¿Qué ha hecho, hermana? -le reclamas-. ¿Dónde está el joven?».
NARRADOR (?) EN TERCERA PERSONA
«Con la primera comisión Ítaca se compró unos pantalones de campana y una blusa. La única prenda que había tenido hasta entonces, además del uniforme que le compraban las hermanas de la Veracruz, era un vestido que le había regalado su mejor amiga Mikaela, la que se hizo su protectora inseparable desde que le falsificó la firma de su padre.
Había acudido siempre a la Escuela de Artes y Oficios con el mismo vestido, y aunque sospechaba que Gael ni se preocupaba por cuestiones de indumentaria, lo hizo por vestirse por primera vez a su gusto con el dinero que tanto esfuerzo y tanto riesgo le habían (sic) costado ganar».
Y hasta aquí la entrada de hoy. ¡Espero que te sea útil!






