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Una de bocadillos

Eneko

El refrigerio lector
Un blog como el nuestro, aparentemente muerto, pero aún latente (como el Teide que nos observa), sobrevive a base de intuiciones y azares. Desde hace un tiempo habíamos conversado sobre la posibilidad de dedicar una entrada al globo o bocadillo, elemento triunfante del lenguaje de cómic por su potencial icónico y su capacidad para desbordar los límites del género.

Hasta aquí la intuición que da paso al azar: los inevitables retrasos han hecho que la publicación de la entrada se haya dilatado más de lo previsto, con lo que ha coincidido felizmente con la conmemoración anual del Día del Cómic que el Ministerio de Cultura sitúa el día 17 de marzo. El cartel de este año se debe a Candela Sierra, a la sazón ganadora del Premio Nacional del Cómic 2025, que ha empleado como elemento central de su propuesta nada menos que una serie de bocadillos con los que juega para, según la propia autora, “hacer un cartel que tuviera una segunda lectura”.

Candela Sierra

Pero las casualidades no acaban aquí, porque unos días antes de la aparición de estas líneas también recibimos la grata noticia de que uno de los más destacados representantes de la viñeta gráfica canaria, Padylla, ve reconocida su trayectoria profesional con el Premio Canarias de Comunicación 2026, algo que se ha recibido en el mundillo de la viñeta insular no solo como un galardón personal, por supuesto merecidísimo, sino además como un reconocimiento a la viñeta como parte esencial del periodismo y, por ende, como manifestación cultural de primer orden.

Por nuestra parte, queremos, además de celebrar esta doble coincidencia, volver a reivindicar, una vez más, el potencial didáctico que posee la viñeta gráfica, en esta ocasión a través de un breve recorrido, que ahora comienza, por la significativa evolución observada en el uso del bocadillo.

Viñeta de Padylla

Según el Diccionario de la lengua española, el globo o bocadillo es el “espacio circundado por una línea en el que se contienen las palabras o pensamientos de un personaje”. De forma ovalada, por lo general, suele contar con un delta o rabillo que indica qué personaje está hablando.

Pero más allá de la definición académica, el bocadillo se ha convertido en todo un símbolo del lenguaje gráfico-secuencial. De hecho, su uso está tan extendido en la historieta que en algunos países se nombra al medio a través de este recurso. Es el caso, por ejemplo, de Italia, donde los cómics son fumetti (a partir de la “bocanada de humo” a la que recuerdan en el país alpino nuestros bocadillos).

Y sin embargo, el globo, aunque común, no es un elemento necesario para hablar de historietas. De hecho, son muchos los ejemplos notables de obras del noveno arte que no cuentan con ellos. Del mismo modo, tampoco podemos referirnos a él como una invención propia del cómic. Por ello, quizás sea conveniente dedicar unas líneas a sus orígenes y plantearnos a partir de ellas en qué medida la historieta ha sabido aprovechar este elemento como apoyo metalingüístico y se ha atrevido a experimentar con él en las viñetas.

Breve recorrido histórico
El origen del bocadillo suele verse en el uso de las filacterias medievales, esa especie de cintas que aparecían en miniaturas y cuadros con los textos que pronunciaban los distintos personajes. Sin retroceder tanto en el tiempo, el empleo de los globos habría que adscribirlo a las ilustraciones satíricas del siglo XVIII y la amplia difusión de estas en las revistas satíricas que circularon por Europa a lo largo del siglo XIX, sobre todo en suelo inglés. La obra de autores como Thomas Rowlandson o George Cruikshank fueron un modelo para las publicaciones norteamericanas de la época y llegaron hasta los historietistas que comenzaban a mostrar sus trabajos en los suplementos de cómics de la prensa de finales de siglo. De hecho, durante mucho tiempo se consideró a la página de The Yellow Kid, obra de Richard F. Outcault, publicada en octubre de 1896 como el arranque del cómic moderno, tanto por su desarrollo secuencial como por el empleo de bocadillos para reproducir el sonido de un fonógrafo (aunque el que hablara fuera un loro).

Los globos comenzaron a implantarse rápidamente en las tiras cómicas norteamericanas, aunque tardarían un poco más en convertirse en omnipresentes en Europa. En nuestro país, influyó que se tradujeran las series venidas del otro lado del Atlántico. Aun así, habría que esperar a El suero maravilloso, la serie publicada por José Robledano Torres en la revista Infancia entre 1910 y 1911, para ver un uso generalizado del bocadillo en una obra.

En Francia, el empleo de globos (bulles) en la serie Zig et Puce, de Alain Saint-Ogan, aparecida en 1925, popularizó un recurso que sería incorporado a su obra por Hergé, el padre de Tintín, uno de los grandes iconos del cómic mundial. A partir de ahí, todo sería mucho más fácil. El bocadillo sigue empleándose de modo generalizado hasta nuestros días. Con todo, es cierto que con una variedad de formas en su diseño y con algún que otro cambio en sus distintas variantes a lo largo del tiempo.

El bocadillo como dispositivo metalingüístico
Si ha habido cambios desde sus comienzos, estos se han debido a que el bocadillo es algo más que un espacio para las palabras. Tiene asignadas más funciones dentro de la viñeta. Una de ellas, ya se mencionó, es la de indicar por medio del rabillo qué personaje es el que está hablando. Además, forma parte de otra convención del género, la lectura de izquierda a derecha y de arriba a abajo de los textos de la viñeta (de derecha a izquierda en el caso del manga japonés). Así pues, los bocadillos se deben disponer en el orden adecuado dentro de la viñeta para facilitar la legibilidad. Más allá de esto, la línea que traza el bocadillo, el perigrama, cumple con una función narrativa por sí misma. El interior del bocadillo transmite el enunciado, pero el perigrama nos transmite información relevante. Por ejemplo, si este está formado por líneas angulosas, podemos estar hablando de un personaje que está gritando o que está horrorizado (la tipografía del texto del globo puede ayudarnos también en este sentido) o, si la forma es de una especie de nube, podemos deducir que el personaje está pensando lo que contiene el bocadillo. Es curioso, este último ejemplo nos sirve para reflexionar sobre la evolución de los tebeos. Los lectores habituales de cómic conocen los bocadillos de pensamiento, aunque el recurso haya ido menguando de forma progresiva en las historietas contemporáneas. Los autores y autoras de hoy en día prefieren usar para transmitir el pensamiento de los personajes las cartelas o cartuchos: los recuadros cerrados de texto que solían ofrecer información espacio-temporal sobre la historia. Sin embargo, en los ejemplos que ilustran esta entrada podremos observar que el bocadillo de pensamiento es incluso más frecuente que los de habla en las viñetas gráficas que aquí hemos convocado. Quizás porque, como es sabido, la viñeta gráfica, en su aislamiento, está obligada a la condensación expresiva y, por tanto, al uso frecuente de la convención.

En el recorrido que les proponemos no nos detendremos demasiado en los usos más convencionales del bocadillo y sus perigramas, aunque no hemos podido resistirnos a  incluir en esta entrada creaciones de algunos de nuestros más admirados viñetistas que hacen un uso del bocadillo aún en el límite entre lo convencional y el juego experimental y simbólico del que nos ocuparemos a continuación.

Retórica y experimentación
Nos detendremos algo más en el desborde del juego narrativo que se produce cuando el cómic reflexiona sobre su propio lenguaje y sobre la relación entre palabra, imagen y silencio, porque ahí es donde se produce un salto en el componente metalingüístico, en la medida en que no se trata ya solo de la información contenida en la forma y disposición del bocadillo, sino que en los casos que veremos la viñeta no solo usa el lenguaje, sino que, en la medida en que desvela sus propias reglas, habla sobre cómo funciona el lenguaje dentro del medio.

En origen, el bocadillo se nos presenta como una convención invisible: el personaje “habla”, pero no ve el bocadillo. Cuando eso se rompe, el cómic está diciendo al lector: esto es un lenguaje construido y el bocadillo deja de ser un recipiente neutral y se convierte en un dispositivo metalingüístico. Deja de ser abstracto y se vuelve objeto físico, hasta el punto de que los personajes y objetos de la viñeta interactúan con los bocadillos, los tocan, los rompen, los retuercen…

En algunas de estas viñetas el bocadillo adquiere incluso peso material. Puede crecer hasta aplastar al personaje que lo pronuncia o al que lo escucha. En otras, el bocadillo se expande de forma desproporcionada y ocupa casi todo el espacio de la imagen. El lenguaje deja entonces de ser un medio de comunicación para convertirse en una fuerza que domina la escena. Puede salir de la boca como un objeto alargado que invade el espacio del interlocutor, o convertirse en un volumen que literalmente cubre al otro personaje. El gesto gráfico hace visible algo que normalmente permanece implícito: que hablar también es ocupar espacio del otro, interrumpir o imponerse.

El bocadillo deja de ser así un contenedor de palabras para convertirse en un indicador emocional, psicológico y político: una imagen del conflicto entre lo que se quiere decir, lo que se puede decir y lo que se impone decir. A veces, el bocadillo ocupa demasiado espacio, tapa cuerpos o los constriñe, este deja entonces de ser soporte y pasa a ser agente opresivo o a sugerir una pérdida de identidad o de derechos frente al lenguaje impuesto. Al hacer visible la materialidad del bocadillo, se nos recuerda que el lenguaje en este medio no solo se lee: también se ve, ocupa espacio y actúa dentro de la imagen.

Mención aparte merecen los usos metafóricos y simbólicos del bocadillo, en los que este recurso se nos muestra como un elemento compositivo, no solo narrativo, que deja de “acompañar” a la imagen y pasa a confrontarse o dialogar con ella. De este modo, el bocadillo no solo adquiere peso físico dentro de la viñeta, sino que se transforma en un signo visual cargado de significado simbólico. En algunos de estos casos, el texto desaparece o se vuelve ilegible y lo que comunica es la forma, la textura o el comportamiento del propio bocadillo.

En otras viñetas, el bocadillo se convierte en objeto narrativo o herramienta de acción. Puede transformarse en un arma que golpea el suelo para revelar lo que está enterrado, o en un espacio vacío que queda atrapado en los barrotes de una ventana. De esta forma, el bocadillo se convierte en imagen del propio discurso. Su tamaño, su textura o su comportamiento dentro del conjunto expresan aquello que las palabras ya no necesitan decir: el ruido, el poder, la memoria, la censura o la violencia simbólica del lenguaje.

Cuando los autores empiezan a manipular el bocadillo de esta manera, el cómic entra en un terreno claramente experimental y autoral. El contorno tradicional —esa forma ovalada con un pequeño rabillo que apunta hacia el hablante— deja de ser una convención fija y se convierte en un elemento maleable que puede transformarse, fragmentarse o desaparecer. El bocadillo ya no es un vehículo para el diálogo: pasa a ser forma, signo y metáfora visual.

En algunas de estas viñetas la ruptura es literal. El bocadillo aparece quebrado o incompleto, como si el pensamiento estuviera fracturado o el lenguaje fuera incapaz de reconstruir la experiencia. En otras, el bocadillo se convierte en objeto autónomo que huye, se deforma o muta. También encontramos ejemplos en los que el bocadillo se integra con la forma de otros objetos, borrando la frontera entre lenguaje e imagen.

Para concluir, creemos que vale la pena llamar la atención sobre cómo, a pesar de su sencillez, el bocadillo ha acabado convirtiéndose en uno de los mecanismos más transformadores del lenguaje del cómic. Cuando se deforma, se transmuta o se funde con los objetos y los cuerpos, deja de ser un mero soporte del diálogo para convertirse en imagen del propio lenguaje: visualiza el pensamiento, la ilusión, las relaciones de poder, el ruido del discurso o el silencio de lo inefable. Quizá por eso, el bocadillo se nos antoja una de las herramientas más reveladoras del cómic, porque a través de ese recurso aparentemente simple se materializa la madurez de su lenguaje y su capacidad para pensar sobre sí mismo.

Julio Santamaría y Joaquín Ayala

Aviso de Derechos de Autor
Las viñetas utilizadas en esta publicación son propiedad de sus respectivos autores. Su inclusión tiene fines exclusivamente educativos, de investigación o de análisis crítico y carece de ánimo de lucro. Se reconoce y respeta plenamente la autoría y los derechos de propiedad intelectual de cada creador.

Colecciones de clásicos. De la adaptación al cómic como una de las bellas artes.

Los aficionados al tebeo estamos de enhorabuena. En un plazo breve de tiempo, se han asomado a las estanterías de las tiendas de cómics dos novedades del dúo formado por el guionista Santiago García y el dibujante Javier Olivares. Necesitan de pocas presentaciones. Ganadores del Premio Nacional de Cómic de 2015 con la imprescindible Las Meninas, redoblaron la apuesta por una historieta de calidad con La cólera (2020), original revisión de la guerra de Troya. Y sin embargo, puede que su trayectoria no hubiera sido la misma sin su primera obra larga: El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde (2009).

El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde (2009)

“Hacer este libro fue la manera que Santiago y yo encontramos de comprobar si funcionábamos bien trabajando en una historia completa”, nos cuenta Javier Olivares en las páginas extra (“Los archivos del Doctor Jekyll”) en la reedición de febrero de este año en la editorial Astiberri. La editorial vasca es la responsable también de la publicación hace un par de semanas de La guerra de los mundos. Se suma así a una tendencia que se está asentando en el mercado del cómic español (al rebufo, cómo no, del mercado franco-belga): la adaptación de clásicos literarios.

El fenómeno, de indudable interés didáctico, no es nuevo. Si deambulamos por las fronteras del cómic, la relación entre literatura e imagen se puede rastrear hasta los primeros siglos de nuestra era. Si lo que buscamos, en cambio, son verdaderas apuestas editoriales para crear colecciones que trasladen los clásicos de la literatura al cómic (como en el caso de García y Olivares), quizás no esté de más citar la colección estadounidense Classics Illustrated, capaz de perdurar en el tiempo desde 1941 hasta 1969. Más cercana en el espacio y el tiempo, nace en 2007 la colección Ex-Libris, de la editorial francesa Delcourt. Y un año después, en 2008, la editorial SM saca al mercado sus “Clásicos en cómic”, colección que incluyó el Jekyll y Hyde de García y Olivares. Pese a los precedentes que se acaban de nombrar, en la memoria del lector español (de cierta edad) estará instalada como referente fundamental la colección “Historias selección” de la editorial Bruguera (de finales de los años sesenta y setenta). Los títulos conseguían un peculiar matrimonio entre novela y cómic: No se trataba de clásicos ilustrados, sino que había una página de historieta por cada tres de su original literario. En el cómic, las imágenes narran (de hecho, tienen preeminencia sobre la palabra y puede darse el caso de que nos encontremos con cómics “mudos”). En el libro ilustrado, las imágenes son solo un adorno del texto. En muchas ocasiones, en el paso del ilustrar al narrar, las editoriales optan por simplificar tanto trama como dibujo. La extensión del cómic debe adaptarse a la del álbum franco-belga y el dibujo no salirse de la “línea clara” (el estilo del Tintin, de Hergé). Hay que alabar, pues, la decisión que tomó en su día SM de encargar las adaptaciones a autores no muy conocidos entonces y que hoy son ya nombres de referencia de la historieta de nuestro país: García y Olivares, David Rubín, Emma Ríos… (aunque es cierto que otra parte de la colección española se limitaba a publicar las versiones traducidas de los clásicos de Delcourt). El elogio no es solo por los elegidos, sino porque fueron capaces de aceptar que el trabajo de la adaptación recayera sobre dibujantes de diferentes estilos, como es el caso del expresionismo de Javier Olivares. Además, con buen criterio, permitieron que los autores pudieran exprimir las posibilidades creativas del medio sin que hubiera una imposición de fidelidad “literal” al original. Así, no sorprende que en El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, ya desde el título, se nos advierta de que la historieta es “a partir de la novela de Robert Louis Stevenson”. De hecho, no coincide, por ejemplo, el narrador, pues casi todos los lectores saben ya de ese binomio Jekyll/Hyde que la última página, a modo de epílogo, se encarga de explicar como anverso y reverso de la personalidad humana. Y, como no podía ser de otra manera, La guerra de los mundos, está, según reza en la página del título, “inspirada en la novela de H.G. Wells”. No es un fiel reflejo de la misma, pero no seremos nosotros quienes desvelemos la sorpresiva vuelta de tuerca en el desarrollo de la trama y elección de protagonistas del cómic (por más que la revelación nos llegue en las primeras páginas). Le tocará a cada lector rendirse ante la propuesta visual y de guion de una obra de conocida trayectoria en cuanto adaptaciones: desde la más famosa, la adaptación radiofónica que hizo Orson Welles en 1938, la que consiguió provocar el pánico en los impresionables oyentes norteamericanos de la época, hasta la versión cinematográfica de Steven Spielberg (2005) (que no es la última de las adaptaciones al cine de esta novela).

La guerra de los mundos

Esperemos, pues, que esta entrada sirva como recomendación para llevar a las estanterías de las bibliotecas escolares los dos tebeos recién publicados por el tándem García-Olivares. Ambos, además, como se dijo, pueden ayudarnos a plantear debates interesantes a partir del diálogo entre original y adaptación y sobre las aportaciones que hacen los distintos medios a los que se trasvasa una obra. Frente a una abrumadora mayoría de muestra de largometrajes que adaptan obras literarias, el cómic va reclamando sin estridencias nuestra atención. A las viñetas se adaptan poemas (últimas obras de Laura Pérez Vernetti), novelas, teatro o, incluso, ensayos (Sapiens, de Yuval Noah Harari) y las editoriales no flaquean en la propuesta tebeística, ya sean grandes (Planeta, por ejemplo, con su reciente adaptación de Nada, de Carmen Laforet) o pequeñas (Nórdica Libros, con el Nebrija, de Agustín Comotto); ya estén pensando en un lector adulto o en el pequeño lector. Bang ediciones, sin ir más lejos, tiene su “Clasicómix. Colección clásicos revisitados”, en la que, curiosamente, se puede leer Jekyll & Hyde, en versión esta vez de Tyto Alba.

Terminamos, como siempre, animando a docentes y amantes de las viñetas a aportar al blog sus comentarios con recomendaciones sobre obras traídas al cómic desde otras artes y sobre los usos didácticos de las mismas.

Julio Santamaría

Javier Olivares

Javier Olivares visitará próximamente Tenerife para participar en el clásico encuentro Entre Viñas y Viñetas, organizado por la Denominación de Origen Tacoronte Acentejo. El autor realizará sesiones de firmas en la Librería Lemus de La Laguna los días 2 y 3 de junio y participará en una charla con Manuel Darias el propio viernes 3 de junio. Una oportunidad inmejorable para hacerse con alguno de sus últimos tebeos.

Canarias en las viñetas. Una mirada desde fuera de las islas.

Eneko en 20 minutos (27-12-06)

Las islas Canarias han aparecido en cómics realizados por autores ajenos al archipiélago. En esta entrada vamos a mostrar algunos ejemplos que sirvan para valorar la inclusión del territorio insular en la historieta. En primer lugar, podríamos hablar de la inclusión de las Canarias como mera referencia geográfica. De aparecer una isla, suele ser la de Tenerife para hacer valer la silueta que dibuja el Teide sobre el océano. Esto ocurre, de hecho, en la que puede ser la primera viñeta foránea sobre las Canarias: la viñeta en la que Tintín le habla sobre las islas desde el barco que les lleva de camino a África. Con todo, como se puede observar, la viñeta pertenece a la edición de Tintín en el Congo de 1931. Cuando Hergé rehizo el álbum para su versión a color de 1946, la explicación sobre Canarias no pasó la criba.

Tintin en el Congo (1931)

Canarias entraba dentro del itinerario de los barcos con destino al corazón de África, así que no es raro volverla a encontrar, esta vez siquiera mencionada en el encabezado de una carta, en otra obra: Kongo. El tenebroso viaje de Józef Teodor Konrad Korzeniowski (2014), de Christian Perrissin y Tom Tirabosco. El cómic relata el viaje de Joseph Conrad hasta el Congo, experiencia en la que se fundamenta una obra tan conocida como El corazón de las tinieblas (1899).

Kongo (2014)

Un ejemplo reciente de la vista desde el mar de Tenerife y el Teide (con cartel incluido, por si hubiera dudas) podemos encontrarlo en Ibáñez y su última viñeta de Mortadelo y Filemón. Misión por España (2021).

Misión por España (2021)

Y ya desde tierra firme, el volcán al fondo, bajo un cielo estrellado, abre la aventura de los X-Men en un irreconocible barrio de Punta Brava en el Puerto de la Cruz el número 250 de X-Men Legacy (2011).

X-Men Legacy, de Mike Carey y Khoi Pham (2011)

Aunque podamos pensar en referencias y apariciones demasiado vagas, las viñetas del Teide nos hablan de un referente geográfico preciso. Hay otro grupo de obras, en cambio, en las que las islas canarias aparecen sin que haya ninguna información visual que nos lleve a reconocer a las Afortunadas. A los autores les basta con mencionar en las cartelas el espacio geográfico y dejar todo lo demás a la imaginación de un lector que sabe que las islas Canarias son uno de los destinos turísticos más demandados por los europeos.

Así ocurre, por ejemplo, en La gran odalisca (2013), de Bastien Vivès, o, con un enfoque muy diferente en cuanto a la temática de la historieta, en El viaje. Hombres feministas (2019), de Alicia Palmer y J.J. Mínguez.

La gran odalisca (2013)
El viaje. Hombres feministas (2019)

Llegamos, al fin, a una serie de obras en las que el paisaje (y paisanaje) de las islas cobra ya un cierto protagonismo se abre el abanico de representación a otras islas del archipiélago.

Eso pasa, sin ir más lejos, en la breve historieta “La ira del dedo de dios”, de Joaquín López Cruces (publicada en 1992 y recogida en Obras encogiadas (1997)). Una página con el Dedo de Dios y la costa grancanaria de Agaete como testigos de un envío “aéreo” a la península.

Sin cambiar de isla, sin demasiada concreción gráfica, pero sí con reflexión en torno al modelo turístico canario, Miguel Gallardo pasa sus vacaciones con su hija en el sur en el imprescindible María y yo (2007).

Nos quedamos en la provincia para recalar en Fuerteventura en un cómic que recupera la memoria de la represión franquista sobre los homosexuales. El violeta de Antonio Santos Mercero, Juan Sepúlveda Sanchís y Marina Cochet (2018). Léanlo y descubrirán en sus páginas la reeducación del valenciano Julián en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía.

Devolviéndonos la fe en el ser humano está la trayectoria vital de Alexander von Humboldt- El polímata berlinés se embarcó desde Galicia para su célebre viaje hacia América en 1799. Un error de cálculo le llevó a hacer escala en La Graciosa y desembarcaría más adelante en Tenerife, en donde consiguió organizar una ascensión al Teide. Apenas unos días, apenas unas hojas dentro de El increíble viaje de Alexander von Humboldt al corazón de la naturaleza (2019) (adaptación al cómic del magnífico libro de Andrea Wulf: La invención de la naturaleza (2016)).

El increíble viaje de Alexander von Humboldt al corazón de la naturaleza, de Andrea Wulf y Lillian Melcher (2019)

Dimos comienzo a estas líneas con la viñeta de Tintín, uno de los grandes de la historieta franco-belga,  dejaremos ahora que el colofón lo ponga Panoramix en El mal trago de Obélix (1996), de Uderzo. En su diálogo con Spartakis (con un “cierto” parecido a Kirk Douglas) menciona a la Atlántida, de la que quedaría como vestigio un grupo de islas (¿las Canarias?). Así, “la más importante sigue ocupada por los últimos atlantes”. ¿Estará el druida en los orígenes del pleito insular?

El mal trago de Obélix (1996)

Concluiremos este recorrido (nada exhaustivo) con un llamamiento para seguir engrosando la lista de títulos con vinculación con Canarias creados desde fuera de las islas. Si se les viene a la memoria alguno más, no duden en compartirlo en los comentarios. Les estaremos agradecidos.

Julio Santamaría

El tebeo: una herramienta más en las materias de secundaria.

En Tebeos con clase estamos convencidos de las posibilidades ilimitadas del noveno arte como herramienta educativa. Cada vez son mas los profesionales de la educación que abren una ventana al cómic en sus aulas, algo que coincide en el tiempo con el reconocimiento social del medio (consolidación del Premio Nacional de Cómic, adaptaciones a otros formatos, presencia en medios de comunicación…). Con todo, la falta de información sobre títulos que puedan encajar con nuestra asignatura puede refrenar nuestro entusiasmo inicial hacia los tebeos.

Está claro que la naturaleza híbrida del medio, mezcla de imagen y texto, hace que cualquier cómic sea susceptible de ser objeto de nuestra atención en las materias de Educación Plástica, Visual y Audiovisual, de Lengua Castellana y Literatura y de idiomas (recordemos la importancia de los mercados franco-belga y norteamericano). Pero esto no quiere decir que no haya obras a las que se pueda sacar un partido extraordinario desde otros departamentos didácticos. El de Geografía e Historia sería, sin duda, el mejor posicionado de todos ellos. La vista atrás para recuperar la memoria de lo que Hobsbawn llamara “corto siglo XX” ha dado su fruto en títulos tan indispensables como Maus, de Art Spiegelman, o El arte de volar y El ala rota, de Antonio Altarriba y Kim. La lista de tebeos recomendables para Geografía e Historia es tan amplia que lo mejor será echar un vistazo al blog de Historia y cómic, cuyo responsable, David Fernández de Arriba, es también el coordinador del recién publicado Memoria y viñetas. La memoria histórica en el aula a través del cómic.

Y sin embargo, el universo del cómic es tan vasto que es posible descubrir ejemplares de calidad que aporten nuevos modos de acceder al alumnado desde todas las materias de la ESO. No es nuestro propósito en esta entrada el hacer un extenso catálogo de todos ellos. Mencionaremos unos cuantos como botón de muestra y, si se animan, quedan a su disposición los comentarios para ir engrosando la lista.

Comencemos, por ejemplo, con Feynman, de Ottaviani y Myrick, una biografía del excéntrico Nobel de Física en la que se da cuenta de sus trabajos en el campo de la mecánica cuántica y su participación en la creación de la bomba atómica.

Otro Nobel, en este caso de Literatura, fue el filósofo y matemático Bertrand Russell, cuya larga y ajetreada vida sirve de hilo conductor en Logicómix. Una búsqueda épica de la verdad, de Apostolos Doxiadis y Christos H. Papadimitriou para conocer los avances matemáticos y a sus protagonistas a finales del XIX y comienzos del XX.

Filosofía en viñetas, de Michael E. Patton y Kevin Canon, hace, en cambio, un recorrido por la filosofía basado no tanto en una historia cronológica como en una reflexión sobre los grandes interrogantes a los que se enfrenta esta disciplina y a cómo los han abordado los filósofos más relevantes.

Por último, mencionaremos El increíble viaje de Alexander von Humboldt al corazón de la naturaleza, de Lilian Melcher y Andrea Wulf, un intento de abarcar la vida de quien fue uno de los mayores hombres de ciencia del XIX. Un cómic que une los conocimientos sobre el autor de Wulf a la interesante propuesta gráfica de Melcher.

Lo dicho. Hay un cómic para cada materia. Suma y sigue.