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Una de bocadillos

Eneko

El refrigerio lector
Un blog como el nuestro, aparentemente muerto, pero aún latente (como el Teide que nos observa), sobrevive a base de intuiciones y azares. Desde hace un tiempo habíamos conversado sobre la posibilidad de dedicar una entrada al globo o bocadillo, elemento triunfante del lenguaje de cómic por su potencial icónico y su capacidad para desbordar los límites del género.

Hasta aquí la intuición que da paso al azar: los inevitables retrasos han hecho que la publicación de la entrada se haya dilatado más de lo previsto, con lo que ha coincidido felizmente con la conmemoración anual del Día del Cómic que el Ministerio de Cultura sitúa el día 17 de marzo. El cartel de este año se debe a Candela Sierra, a la sazón ganadora del Premio Nacional del Cómic 2025, que ha empleado como elemento central de su propuesta nada menos que una serie de bocadillos con los que juega para, según la propia autora, “hacer un cartel que tuviera una segunda lectura”.

Candela Sierra

Pero las casualidades no acaban aquí, porque unos días antes de la aparición de estas líneas también recibimos la grata noticia de que uno de los más destacados representantes de la viñeta gráfica canaria, Padylla, ve reconocida su trayectoria profesional con el Premio Canarias de Comunicación 2026, algo que se ha recibido en el mundillo de la viñeta insular no solo como un galardón personal, por supuesto merecidísimo, sino además como un reconocimiento a la viñeta como parte esencial del periodismo y, por ende, como manifestación cultural de primer orden.

Por nuestra parte, queremos, además de celebrar esta doble coincidencia, volver a reivindicar, una vez más, el potencial didáctico que posee la viñeta gráfica, en esta ocasión a través de un breve recorrido, que ahora comienza, por la significativa evolución observada en el uso del bocadillo.

Viñeta de Padylla

Según el Diccionario de la lengua española, el globo o bocadillo es el “espacio circundado por una línea en el que se contienen las palabras o pensamientos de un personaje”. De forma ovalada, por lo general, suele contar con un delta o rabillo que indica qué personaje está hablando.

Pero más allá de la definición académica, el bocadillo se ha convertido en todo un símbolo del lenguaje gráfico-secuencial. De hecho, su uso está tan extendido en la historieta que en algunos países se nombra al medio a través de este recurso. Es el caso, por ejemplo, de Italia, donde los cómics son fumetti (a partir de la “bocanada de humo” a la que recuerdan en el país alpino nuestros bocadillos).

Y sin embargo, el globo, aunque común, no es un elemento necesario para hablar de historietas. De hecho, son muchos los ejemplos notables de obras del noveno arte que no cuentan con ellos. Del mismo modo, tampoco podemos referirnos a él como una invención propia del cómic. Por ello, quizás sea conveniente dedicar unas líneas a sus orígenes y plantearnos a partir de ellas en qué medida la historieta ha sabido aprovechar este elemento como apoyo metalingüístico y se ha atrevido a experimentar con él en las viñetas.

Breve recorrido histórico
El origen del bocadillo suele verse en el uso de las filacterias medievales, esa especie de cintas que aparecían en miniaturas y cuadros con los textos que pronunciaban los distintos personajes. Sin retroceder tanto en el tiempo, el empleo de los globos habría que adscribirlo a las ilustraciones satíricas del siglo XVIII y la amplia difusión de estas en las revistas satíricas que circularon por Europa a lo largo del siglo XIX, sobre todo en suelo inglés. La obra de autores como Thomas Rowlandson o George Cruikshank fueron un modelo para las publicaciones norteamericanas de la época y llegaron hasta los historietistas que comenzaban a mostrar sus trabajos en los suplementos de cómics de la prensa de finales de siglo. De hecho, durante mucho tiempo se consideró a la página de The Yellow Kid, obra de Richard F. Outcault, publicada en octubre de 1896 como el arranque del cómic moderno, tanto por su desarrollo secuencial como por el empleo de bocadillos para reproducir el sonido de un fonógrafo (aunque el que hablara fuera un loro).

Los globos comenzaron a implantarse rápidamente en las tiras cómicas norteamericanas, aunque tardarían un poco más en convertirse en omnipresentes en Europa. En nuestro país, influyó que se tradujeran las series venidas del otro lado del Atlántico. Aun así, habría que esperar a El suero maravilloso, la serie publicada por José Robledano Torres en la revista Infancia entre 1910 y 1911, para ver un uso generalizado del bocadillo en una obra.

En Francia, el empleo de globos (bulles) en la serie Zig et Puce, de Alain Saint-Ogan, aparecida en 1925, popularizó un recurso que sería incorporado a su obra por Hergé, el padre de Tintín, uno de los grandes iconos del cómic mundial. A partir de ahí, todo sería mucho más fácil. El bocadillo sigue empleándose de modo generalizado hasta nuestros días. Con todo, es cierto que con una variedad de formas en su diseño y con algún que otro cambio en sus distintas variantes a lo largo del tiempo.

El bocadillo como dispositivo metalingüístico
Si ha habido cambios desde sus comienzos, estos se han debido a que el bocadillo es algo más que un espacio para las palabras. Tiene asignadas más funciones dentro de la viñeta. Una de ellas, ya se mencionó, es la de indicar por medio del rabillo qué personaje es el que está hablando. Además, forma parte de otra convención del género, la lectura de izquierda a derecha y de arriba a abajo de los textos de la viñeta (de derecha a izquierda en el caso del manga japonés). Así pues, los bocadillos se deben disponer en el orden adecuado dentro de la viñeta para facilitar la legibilidad. Más allá de esto, la línea que traza el bocadillo, el perigrama, cumple con una función narrativa por sí misma. El interior del bocadillo transmite el enunciado, pero el perigrama nos transmite información relevante. Por ejemplo, si este está formado por líneas angulosas, podemos estar hablando de un personaje que está gritando o que está horrorizado (la tipografía del texto del globo puede ayudarnos también en este sentido) o, si la forma es de una especie de nube, podemos deducir que el personaje está pensando lo que contiene el bocadillo. Es curioso, este último ejemplo nos sirve para reflexionar sobre la evolución de los tebeos. Los lectores habituales de cómic conocen los bocadillos de pensamiento, aunque el recurso haya ido menguando de forma progresiva en las historietas contemporáneas. Los autores y autoras de hoy en día prefieren usar para transmitir el pensamiento de los personajes las cartelas o cartuchos: los recuadros cerrados de texto que solían ofrecer información espacio-temporal sobre la historia. Sin embargo, en los ejemplos que ilustran esta entrada podremos observar que el bocadillo de pensamiento es incluso más frecuente que los de habla en las viñetas gráficas que aquí hemos convocado. Quizás porque, como es sabido, la viñeta gráfica, en su aislamiento, está obligada a la condensación expresiva y, por tanto, al uso frecuente de la convención.

En el recorrido que les proponemos no nos detendremos demasiado en los usos más convencionales del bocadillo y sus perigramas, aunque no hemos podido resistirnos a  incluir en esta entrada creaciones de algunos de nuestros más admirados viñetistas que hacen un uso del bocadillo aún en el límite entre lo convencional y el juego experimental y simbólico del que nos ocuparemos a continuación.

Retórica y experimentación
Nos detendremos algo más en el desborde del juego narrativo que se produce cuando el cómic reflexiona sobre su propio lenguaje y sobre la relación entre palabra, imagen y silencio, porque ahí es donde se produce un salto en el componente metalingüístico, en la medida en que no se trata ya solo de la información contenida en la forma y disposición del bocadillo, sino que en los casos que veremos la viñeta no solo usa el lenguaje, sino que, en la medida en que desvela sus propias reglas, habla sobre cómo funciona el lenguaje dentro del medio.

En origen, el bocadillo se nos presenta como una convención invisible: el personaje “habla”, pero no ve el bocadillo. Cuando eso se rompe, el cómic está diciendo al lector: esto es un lenguaje construido y el bocadillo deja de ser un recipiente neutral y se convierte en un dispositivo metalingüístico. Deja de ser abstracto y se vuelve objeto físico, hasta el punto de que los personajes y objetos de la viñeta interactúan con los bocadillos, los tocan, los rompen, los retuercen…

En algunas de estas viñetas el bocadillo adquiere incluso peso material. Puede crecer hasta aplastar al personaje que lo pronuncia o al que lo escucha. En otras, el bocadillo se expande de forma desproporcionada y ocupa casi todo el espacio de la imagen. El lenguaje deja entonces de ser un medio de comunicación para convertirse en una fuerza que domina la escena. Puede salir de la boca como un objeto alargado que invade el espacio del interlocutor, o convertirse en un volumen que literalmente cubre al otro personaje. El gesto gráfico hace visible algo que normalmente permanece implícito: que hablar también es ocupar espacio del otro, interrumpir o imponerse.

El bocadillo deja de ser así un contenedor de palabras para convertirse en un indicador emocional, psicológico y político: una imagen del conflicto entre lo que se quiere decir, lo que se puede decir y lo que se impone decir. A veces, el bocadillo ocupa demasiado espacio, tapa cuerpos o los constriñe, este deja entonces de ser soporte y pasa a ser agente opresivo o a sugerir una pérdida de identidad o de derechos frente al lenguaje impuesto. Al hacer visible la materialidad del bocadillo, se nos recuerda que el lenguaje en este medio no solo se lee: también se ve, ocupa espacio y actúa dentro de la imagen.

Mención aparte merecen los usos metafóricos y simbólicos del bocadillo, en los que este recurso se nos muestra como un elemento compositivo, no solo narrativo, que deja de “acompañar” a la imagen y pasa a confrontarse o dialogar con ella. De este modo, el bocadillo no solo adquiere peso físico dentro de la viñeta, sino que se transforma en un signo visual cargado de significado simbólico. En algunos de estos casos, el texto desaparece o se vuelve ilegible y lo que comunica es la forma, la textura o el comportamiento del propio bocadillo.

En otras viñetas, el bocadillo se convierte en objeto narrativo o herramienta de acción. Puede transformarse en un arma que golpea el suelo para revelar lo que está enterrado, o en un espacio vacío que queda atrapado en los barrotes de una ventana. De esta forma, el bocadillo se convierte en imagen del propio discurso. Su tamaño, su textura o su comportamiento dentro del conjunto expresan aquello que las palabras ya no necesitan decir: el ruido, el poder, la memoria, la censura o la violencia simbólica del lenguaje.

Cuando los autores empiezan a manipular el bocadillo de esta manera, el cómic entra en un terreno claramente experimental y autoral. El contorno tradicional —esa forma ovalada con un pequeño rabillo que apunta hacia el hablante— deja de ser una convención fija y se convierte en un elemento maleable que puede transformarse, fragmentarse o desaparecer. El bocadillo ya no es un vehículo para el diálogo: pasa a ser forma, signo y metáfora visual.

En algunas de estas viñetas la ruptura es literal. El bocadillo aparece quebrado o incompleto, como si el pensamiento estuviera fracturado o el lenguaje fuera incapaz de reconstruir la experiencia. En otras, el bocadillo se convierte en objeto autónomo que huye, se deforma o muta. También encontramos ejemplos en los que el bocadillo se integra con la forma de otros objetos, borrando la frontera entre lenguaje e imagen.

Para concluir, creemos que vale la pena llamar la atención sobre cómo, a pesar de su sencillez, el bocadillo ha acabado convirtiéndose en uno de los mecanismos más transformadores del lenguaje del cómic. Cuando se deforma, se transmuta o se funde con los objetos y los cuerpos, deja de ser un mero soporte del diálogo para convertirse en imagen del propio lenguaje: visualiza el pensamiento, la ilusión, las relaciones de poder, el ruido del discurso o el silencio de lo inefable. Quizá por eso, el bocadillo se nos antoja una de las herramientas más reveladoras del cómic, porque a través de ese recurso aparentemente simple se materializa la madurez de su lenguaje y su capacidad para pensar sobre sí mismo.

Julio Santamaría y Joaquín Ayala

Aviso de Derechos de Autor
Las viñetas utilizadas en esta publicación son propiedad de sus respectivos autores. Su inclusión tiene fines exclusivamente educativos, de investigación o de análisis crítico y carece de ánimo de lucro. Se reconoce y respeta plenamente la autoría y los derechos de propiedad intelectual de cada creador.

Humor gráfico y multimodalidad

En nuestro blog ya hemos hecho varias propuestas para trabajar didácticamente el inagotable filón de la viñeta gráfica. Un formato, que lejos de parecer afectado por la crisis general del periodismo tradicional y sus medios impresos, se nos muestra hoy insuflado de nueva vida gracias a su profusa distribución a través de medios digitales y a su proximidad (aunque duela decirlo) al formato triunfante en el imperio del scroll: el omnipresente meme.

Les remitimos, pues, a otras entradas previas en las que abordábamos las potencialidades generales del formato, su utilidad para acercar al alumnado al análisis de los artículos de opinión o su relación con las figuras retóricas clásicas.

En esta ocasión, y con intención de complementar dichas entradas precedentes, trataremos de proponer una modesta taxonomía a partir de la cual analizar los diversos grados en que la combinación entre el dibujo y la escritura dan lugar a un nuevo significante caracterizado, en palabras de Ana Pedrazzini y Nora Scheuer*, por su “notable síntesis y densidad semiótica”.

Nos valdremos de nuevo de estas autoras para justificar la condición multimodal del humor gráfico: “Las viñetas humorísticas que articulan el dibujo y la escritura constituyen discursos multimodales en los que interactúan multiplicidad de signos icónicos, plásticos y lingüísticos al servicio de una intencionalidad comunicativa y expresiva, con la finalidad última de denunciar, criticar, suscitar la reflexión, descargar tensiones y/o divertir”.

La viñeta gráfica se reivindica así como uno de los más claros ejemplos de multimodalidad, en tanto en cuanto surge de una conjunción entre los modos visual y textual, combinados ambos en una relación de complementariedad en la que dejan de ser autónomos “ya que si fuesen leídos independientemente, perderían el sentido que resulta de su interacción: el texto mixto así constituido significa más que la suma de los elementos que lo componen”.

Creemos haber demostrado ya que la conveniencia de emplear las viñetas humorísticas con fines educativos tiene su razón de ser en que, además de ser un medio cercano a los gustos e intereses de nuestro alumnado, se trata de textos caracterizados por su condición sintética y condensada, que presentan pocos elementos pero muy significativos y, que precisamente por ello, resultan susceptibles de ser interpretados de forma reflexiva y crítica.

Viñeta de Francisco Olea

Se trataría, por tanto, de facilitar, mediante la propuesta de clasificación que expondremos a continuación, un modo de acercamiento didáctico al análisis de viñetas humorísticas no excluyente de los restantes ya mencionados: su condición de texto argumentativo o los recursos retóricos empleados en las mismas. Un segundo propósito será, qué duda cabe, el de reclamar una vez más el reconocimiento que merece el talento de los autores y las autoras de humor gráfico aquí convocados.

A la hora de sustentar nuestra clasificación partiremos de la tradicional identificación de tres tipos de relación funcional establecida entre los modos visual y textual para la generación de humor gráfico: el humor se produce en el modo verbal mientras que lo visual sólo interviene de forma ilustrativa; el humor se produce en el modo visual y lo verbal puede ser redundante e incluso innecesario; y por último, el humor resulta de la interacción entre ambos modos.

1) Independencia

En este tipo de viñetas, la imagen o el texto no dependen mutuamente para transmitir el mensaje. Cada uno aporta su propio significado y pueden existir de manera separada Paradójicamente, aunque se trata de la opción menos representativa de la condición multimodal, suelen ser receptoras de un mayor prestigio desde un punto de vista narrativo, sobre todo en los casos de independencia del modo visual, al resultar a menudo mucho más propicias para la interpretación o el juego visual.

2) Complementariedad

Cuando ambos modos aportan elementos no contemplados en el otro que son igualmente relevantes para la producción de sentido, de forma que este resulta de la interacción entre ambos. Tanto la imagen como el texto trabajan juntos para crear un nuevo sentido que no podría ser entendido completamente sin la combinación de ambos elementos. Esta es la más compleja y la más interesante desde el punto de vista humorístico y narrativo. A veces en este tipo de viñetas se juega con la ambigüedad o el doble sentido, en los cuales el texto y la imagen se «dicen» cosas diferentes, o pueden incluso llegar a aportar sentidos que se contradicen deliberadamente, contribuyendo, asimismo, a la generación de humor.

3) Refuerzo o ampliación

Si la contribución no es equivalente sino que un modo predomina sobre el otro, puede ocurrir que uno de ellos esté reforzando o ampliando elementos provistos por el otro modo.

Esta categoría se divide a su vez en dos subcategorías: a) viñetas en las que el texto complementa la imagen: Aquí, el texto amplifica o aclara lo que ya se ve en la imagen, pero no modifica completamente su mensaje. El texto ayuda a darle un toque adicional de humor, pero la idea principal sigue estando en la imagen y b) viñetas en las que la imagen complementa el texto: En este caso, la imagen sirve para reforzar o dar contexto a lo que dice el texto. La imagen puede ser una especie de «escena» en la que se desarrollan los personajes o situaciones mencionadas en el texto.

El refuerzo se da cuando la imagen y el texto refuerzan o confirman lo que está diciendo el otro. En lugar de añadir información nueva, uno de los modos simplemente hace que lo dicho o mostrado por el otro sea más claro o evidente. Por su parte, la ampliación se da cuando el texto o la imagen añaden información nueva o expanden lo expresado mediante el otro modo. En lugar de repetir lo mismo, el texto o la imagen introducen elementos adicionales.

4) Redundancia total o parcial

Aunque las características específicas de cada modo no hace posible una redundancia total, lo cierto es que, tal y como expresa el crítico Scott McCloud, la redundancia ocurre cuando tanto el texto como la imagen están diciendo lo mismo, es decir, cuando ambos modos refuerzan de manera innecesaria la misma idea.

Sin embargo, la redundancia es utilizada a menudo como una forma de refuerzo del mensaje o puede incluso lograr que aumente el contraste entre lo que es visualmente evidente y lo que se dice textualmente, creando un tipo de humor basado en la exageración o la obviedad. A pesar de todo ello, suele ser vista en general como un recurso menos creativo, al mermar el rol interpretativo del lectoespectador**.

Pedimos, por último, disculpas por la notable presencia de Donald Trump entre los ejemplos seleccionados, pero es el mundo que tenemos.

Joaquín Ayala

* Esta entrada está basada en gran parte en el artículo de Ana Pedrazzini y Nora Scheuer: «Sobre la relación verbal-visual en el humor gráfico y sus recursos», publicado originalmente en el nº 74 de los Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Buenos Aires.

** Tomamos este concepto del libro El lectoespectador, de Vicente Luis Mora, editado por Seix Barral.

Aviso de Derechos de Autor
Las viñetas utilizadas en esta publicación son propiedad de sus respectivos autores. Su inclusión tiene fines exclusivamente educativos, de investigación o de análisis crítico y carece de ánimo de lucro. Se reconoce y respeta plenamente la autoría y los derechos de propiedad intelectual de cada creador.

Viñetas retóricas

Una reciente y extraordinaria viñeta de Padylla, publicada en el periódico El Día

La retórica pone en juego distintos niveles de lenguaje (el propio y el figurado, la obviedad y la sugerencia). En el caso del humor gráfico, la retórica, además, se nos muestra inseparable de la imagen y su infinita amalgama de símbolos y códigos, lo que lo convierte en un medio privilegiado para el ejercicio de la lectura plural.

El año que acaba de terminar, 2022, proporcionó a los dibujantes de periódicos y revistas que aquí convocamos una multitud de temas y crisis que, una vez más, pusieron a prueba su ingenio y su capacidad de emplear el humor para revelar, denunciar y transformar la compleja realidad que nos alberga y agrede.

Esta entrada pretende ser a la vez un pequeño homenaje al trabajo de estos hombres y mujeres dibujantes y un pequeño resumen del año a través del humor gráfico nacional e insular. Por medio de esta precipitada taxonomía, les invitamos a reflexionar sobre los recursos más comunes que dan forma a eso tan serio que llamamos humor. En palabras de Marián L. F. CAO, incluidas en su artículo La Retórica visual como análisis posible en la didáctica del arte y de la imagen: “Sólo a partir del conocimiento de los mecanismos que intervienen en la fabricación de la imagen como transmisora de contenido podremos tener una visión crítica y completa de la misma”. La mayoría de las definiciones que emplearemos a continuación son también adaptaciones de las empleadas en el mencionado artículo, del que somos deudores.

Alegoría:
Es una metáfora continuada. En la alegoría, para expresar poéticamente un pensamiento, a partir de comparaciones o metáforas se establece una correspondencia
entre elementos imaginarios.

Aliteración:
Repetición del mismo sonido /imagen/ ritmo. Relaciona entre si las imágenes, los elementos conceptuales y visuales con identidad similar.

Calambur:
Consiste en modificar el significado de una palabra o frase al reagrupar de distinta forma las sílabas que la componen.

Dilogía o Doble sentido:
En el doble sentido, una similitud aparente disimula una diferencia real.

Elipsis:
Consiste en la supresión de ciertos elementos de la imagen. Mediante este artificio se intenta transmitir cual es el elemento esencial.

Hipérbole:
Consiste en la exageración de los términos.

Ironía:
Consiste en proponer una idea para que se entienda su contraria, produciendo un efecto hilarante.

Metáfora:
En la metáfora se sustituye el término propio por otro cuya significación esté en relación de analogía, no de proximidad real como la metonimia.

Metonimia:
Consiste en la sustitución de un término propio por otro que se encuentra con él en una relación física (temporal, espacial, funcional…).

Oposición:
La oposición puede darse a dos niveles: en el nivel de la forma y en el nivel de contenido.

Paradoja:
Figura de pensamiento que altera la lógica de la expresión, pues aproxima dos ideas opuestas y en apariencia irreconciliables.

Paralelismo:
Consiste en la construcción de secuencias que, por forma o contenido, establecen relaciones de similitud.

Paronomasia:
Es una figura retórica que consiste en emplear palabras con sonidos similares, pero de distinto significado.

Personificación o prosopopeya:
Consiste en dar vida humana a objetos no humanos.

Préstamo:
Consiste en utilizar elementos de otro código ya conocido, sea éste artístico, publicitario o de otro lenguaje.

Símbolo:
Consiste en utilizar un objeto real para referirse a algo espiritual o imaginario o simplemente para evocar otra realidad.

Les deseamos un 2023 repleto de excelente humor gráfico.

Joaquín Ayala

Breves apuntes para una historia del cómic canario

Esta entrada surge a raíz de la invitación realizada a nuestro seminario para impartir una acción formativa, bajo el título El cómic y canarias: recurso educativo, en el marco de la oferta del Programa Enseñas de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.

En Tebeos con clase llevamos ya algún tiempo queriendo iniciar una línea de trabajo que diera un paso más allá de las puntuales colaboraciones que a lo largo de estos años hemos mantenido con autores locales. Además, después de nuestros primeros diez años de existencia tenemos claro que ha llegado el momento de vincular parte del trabajo del grupo a la difusión de nuestros contenidos al resto de la comunidad docente canaria.

Por eso, queremos agradecer desde aquí la oportunidad que se nos ha brindado de compartir con compañeras y compañeros los primeros pasos de esta vertiente de nuestro trabajo que esperamos tenga continuidad durante los próximos cursos.

Este primer esfuerzo ha consistido en esbozar, al menos, una breve historia del cómic canario y acompañarla por un repertorio de títulos ordenados en orden cronológico. Ante todo, hemos de advertir que los documentos que ahora compartimos en absoluto tienen otra vocación que la de servir de punto de partida para posteriores revisiones y enmiendas. Se trata, pues, de un work in progress que se sabe imperfecto y susceptible de contener numerosos errores y omisiones que iremos corrigiendo con el tiempo y la ayuda de los que los lean. Son documentos sin pretensiones académicas, ni afán de exhaustividad, en los que, por el contrario, hemos querido preservar sobre todo el carácter divulgativo y didáctico.

Nuestra intención no es otra que, en la medida en que el trabajo del grupo pueda volver a ser presencial y las circunstancias nos permitan vernos e ilusionarnos fuera del estrecho marco de las videoconferencias, estos documentos seminales se amplíen en una futura recopilación de materiales didácticos. Pretendemos, en definitiva, que este blog y, sobre todo, futuras convocatorias de formación nos permitan hacer visible y convencer a nuestros compañeros y compañeras tanto de la necesidad de reconocer al cómic su condición de patrimonio cultural, como de su eficacia como instrumento privilegiado para la difusión de contenidos canarios.

Breves apuntes para una historia del cómic canario

Bibliografía esencial del comic en Canarias

El cómic como patrimonio y el comic patrimonial

Humor gráfico en tiempos de coronavirus

Eneko

Esta entrada podría tener múltiples enfoques y va a acabar por no tener ninguno. Uno de los términos más usados en este entrañable año 2020 ha sido incertidumbre y, en coherencia, en esta nueva aportación a nuestro blog no vamos a cometer, ni mucho menos, la impertinencia de aportar certezas.

Salvo una: todo hubiera sido aún peor sin el humor gráfico. Los dibujantes y guionistas que aparecerán junto a estas líneas, y muchos otros que no estarán por motivos de espacio, han hecho bastante más digerible el trago de vernos inmersos, sin previo aviso, en semejante distopía.

Raquel Gu

Y es que el humor, y más concretamente el humor inteligente, ha demostrado también en estas lamentables circunstancias, poseer el alquímico atributo de convertir la basura en oro y el oro en basura. De arrojar más luz y serenidad sobre lo que nos está pasando que los ríos de tinta y palabrería que nos han decepcionado y aturdido. El buen humor gráfico ni polariza ni refuerza bandos y fronteras. Al contrario, creo que los difumina y desdibuja.

Mauro Entrialgo

Desde el punto de vista didáctico lo más sensato es que les remita a la magnífica entrada previa de David Coiduras en este mismo blog sobre el uso de viñetas políticas. La actividad allí sugerida sobre análisis y reflexión a partir de viñetas de prensa es perfectamente aplicable a los ejemplos que acompañan este texto y a otros muchos que han protagonizado una verdadera edad de oro del humor gráfico en tiempos de penuria.

La localización del tema, tesis y los argumentos empleados, así como la generación de una reflexión posterior sobre dichos elementos se me antojan actividades no solo potencialmente exitosas sino indispensables para confrontar al alumnado con una tipología comunicativa que con casi toda probabilidad no van a frecuentar por sí mismos.

JL Martín

Pero más allá de ese análisis funcional, me gustaría insistir en la relevancia del papel jugado por el humor gráfico durante lo que llevamos de pandemia. En su elegante forma de afrontar la perplejidad que nos paralizó a todos, de señalar nuestras contradicciones y miserias, de defender la libertad y el espíritu crítico frente a la polarización extrema y las disciplinas ideológicas. Ahí es nada.

Nuestra tesis, en fin, es que los viñetistas de la prensa y de las revistas de humor han sido y están siendo los mejores periodistas de opinión de esta edad oscura. ¿Podemos permitirnos no hacerlos visibles en nuestras aulas? ¿Tenemos alguna herramienta mejor y más efectiva para invitar a pensar sobre el tiempo que nos ha tocado vivir?

Max
Raquel Gu
Mauro Entrialgo
Gallego y Rey
Eneko
Padylla

Al respecto de este último autor no podemos dejar de recomendar la visita a la estupenda exposición Las viñetas de Padylla, enmarcada dentro del programa del Festival Santa Cruz Cómic, y que está teniendo lugar en estos días en la Sala de exposiciones del Parlamento de Canarias.

Joaquín Ayala

Sobre el cómic social y la escuela


Comenzaré esta entrada impugnando la falsa dicotomía entre entretenimiento y seriedad. Ni todo lo trascendente es aburrido ni todo lo liviano es necesariamente divertido: como casi siempre, entre el blanco y el negro existe una larga gama de grises. Digo esto porque se podría considerar materia descabellada siquiera sugerir el uso en el aula de un tebeo que aborde problemas sociales. El precepto de no introducir asuntos deprimentes en las vidas de un alumnado que ya tiene sus propios dificultades ha calado en la práctica docente más de lo que somos conscientes. Para problemas ya está la vida, se contraargumenta.

Sin embargo, debemos recordar que uno de los principales objetivos de nuestros centros educativos es contribuir de forma sustancial a la formación de una ciudadanía crítica y preparar, así, a los futuros ciudadanos y ciudadanas para que sean capaces de participar de forma activa en la vigilancia y construcción de un mundo mejor y más justo (algo que se antoja complicado si en nuestras clases no hacemos visibles las realidades incómodas que nos rodean).

Cambiar el mundo

Existe un tipo de creadores para los que la literatura puede y debe ser un lugar de denuncia de los males de la sociedad, que permite expresarse a los más desamparados y contribuye a transformar el mundo. Al concepto que engloba esta manera de pensar la literatura como acción se le ha denominado tradicionalmente literatura social.

Los vaivenes políticos, sociales y, por supuesto, económicos hacen que esta corriente literaria aparezca y desaparezca periódicamente del foco de la actualidad. Así, cada cierto tiempo, la literatura regresa a las vidas de los periféricos y los invisibles para devolverles a un primer plano, a pesar de las resistencias de aquellos que siguen entendiendo que la literatura es asunto demasiado elevado para mezclarse con el panfleto político, o que debe conducirnos más a la evasión que a la catarsis. En la literatura española contemporánea, interesantes autores como Isaac Rosa, Marta Sanz, Elvira Navarro o Pablo Gutiérrez, entre otros, han vuelto a introducir los conflictos sociales en sus libros.

Cómic social

 

 

 

 

 

 

La irrupción de la denominada novela gráfica también ha traído consigo el auge de un tipo de cómic que aborda aspectos sociales y problemáticas hasta entonces inéditas en la producción tebeística española. El éxito sin precedentes de dos obras esenciales publicadas en 2007, Arrugas, de Paco Roca (Astiberri) y María y yo, de Miguel Gallardo (Astiberri), abrieron las puertas a muchas otras que han recorrido esa senda hasta nuestros días.

El último hito en esta corriente ha sido la concesión del Premio Nacional del Cómic 2019 a El día 3, de Miguel Á. Giner Bou, Cristina Durán y Laura Ballester (Astiberri, 2018), en el que se relata el trágico accidente sufrido en el metro de Valencia el 3 de julio de 2006 y cómo, en aquel momento, los representantes políticos establecieron un blindaje gubernamental que obstaculizaba las investigaciones e intentaba imponer sobre la tragedia una densa capa de olvido, contra la que debieron luchar los afectados y sus familias durante años.

Entre esas dos fechas, son muchas las obras que se podrían mencionar en esa misma línea, pero me voy a limitar a dos cómics que tienen en común la participación de uno de los nombres anteriormente citados, Isaac Rosa, periodista y novelista nacido en 1974. Rosa es coautor, junto a Cristina Bueno, de Aquí vivió: Historia de un desahucio (Nube de Tinta, 2016) y prologuista de El mundo a tus pies, de Nadar (Astiberri, 2015).

 

 

 

 

 

En el primero, tal como indica su título, se aborda la plaga de los desahucios que ha asolado nuestro país desde la llegada de la crisis. Se trata de una novela gráfica que da testimonio de la destrucción de las clases medias y la perversa realidad construida por la burbuja inmobiliaria, pero que también nos adentra en los nuevos modelos de lucha ciudadana que surgen en contraposición y se enfrentan a las ejecuciones forzosas de los desahucios. Un escenario en el que los autores sabrán introducir con pericia diversas soluciones gráficas para ilustrar la convivencia diacrónica de pasado y presente en unos pisos que han sido testigos, por igual, de la ilusión y el drama.

El segundo tebeo, de título irónico, se ocupa de la generación perdida de jóvenes que, a pesar de su preparación y de las promesas con las que crecieron, se ven abocados a enfrentarse a una realidad que no cuenta con ellos: paro, precariedad y emigración forzosa serán las nuevas reglas del juego con las que deberá vérselas toda una generación para la que no ha habido ni soluciones políticas ni salidas.

En definitiva, nuestra propuesta es que, a través de estos u otros títulos, nos atrevamos a trabajar con nuestro alumnado, también mediante el cómic, ese despertar de la mirada crítica al mundo que nos rodea.

En ese sentido, hemos querido recopilar una serie de enlaces a pequeños cómics divulgativos sobre diversos aspectos sociales, entre los que destacan cuestiones como la perspectiva de género, los conflictos armados o los movimientos migratorios. Creemos que pueden ser ideales para trabajar en el aula en una pocas sesiones y sin necesidad de contar con un presupuesto específico, dado que todos ellos están actualmente disponibles en la red con carácter gratuito y algunos hasta vienen acompañados por su propias guías didácticas. Además del interés de los aspectos tratados, estos han sido creados por una estupenda nómina de autores y autoras del cómic patrio (con alguna incorporación foránea).

Si algún lector o lectora de esta entrada conoce otras propuestas similares que se nos hayan escapado, puede remitirnos los enlaces a través de los comentarios. Nos encantaría ir enriqueciendo esta selección con nuevas aportaciones. Gracias de antemano.

Joaquín Ayala

 

1. Puro Perú, Paco Roca, Ana Miralles, Núria Tamarit, Javier de Isusi y otros
La situación medioambiental del planeta, en la selva amazónica y en la sierra del Perú.

2. Pillada por ti, Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou
Consecución de una sociedad libre de violencia contra la mujer. Defensa de los valores no discriminatorios, rechazo a estereotipos y la necesidad de respetar a la otra persona.

3. Esclavas, Alicia Palmer y Bosco Rey-Stolle
Lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

4. Científicas. Pasado, presente y futuro, Raquel Gu
Ofrecer a las niñas y jóvenes referentes femeninos en el mundo de la ciencia para que este no les resulte ajeno por el mero hecho de ser mujeres.

5. Teresa Perales. Comics, David Aja, Purita Campos, Javier Olivares, Manel y Monteys, Calpurnio, Moderna de Pueblo, Luis Bustos, Miguel Ángel Martín, Liniers y otros.
Teresa Perales es una de las deportistas con más medallas en la historia de los Juegos Paralímpicos. Visibilizar el deporte de Personas con Discapacidad.

6. Gaza Amal, Susanna Martín
Gaza Amal es un cómic de la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina) que rompe prejuicios y estereotipos sobre las mujeres de Gaza.

Como apoyo del proyecto Gaza-Amal, esta guía didáctica trabaja los Derechos Humanos y la Igualdad de Género a través de las historias de mujeres refugiadas de Palestina

7. Cuando cierro los ojos, recuerdo, Cristina Bueno
Trata, en clave de género, el viaje forzado de las personas refugiadas y la guerra de Siria.

8. Pasitos en la arena, Brice Reignier
La cuestión de la migración y, en particular, la protección de los niños en movilidad. Abordar las causas profundas de la migración irregular y el desplazamiento forzado. La protección de los niños en movilidad de conformidad con la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño.

9. El conflicto del Sahara en menos de 3000 palabras, Mauro Entrialgo
Este cómic pretende acercar de manera sencilla y resumida el conflicto del Sahara Occidental a adolescentes, jóvenes y personas adultas.

10. Imposible mirar para otro lado, Alfonzo Zapico
Varios relatos sobre la construcción de la paz a través de la sensibilización y la educación para el desarrollo. Conflictos armados.

11. Palestina. Un vistazo al pasado, una mirada al presente, Bernardo Vergara
Una aproximación al conflicto palestino- israelí, que permanece enquistado desde hace más de sesenta años.

12. ¿Qué es el comercio justo?, Iago Araujo
Una mirada al funcionamiento del mercado internacional de materias primas, a los impactos de las grandes superficies sobre la economía local, las tiendas de barrio, el campesinado y el medio ambiente. La alternativa del comercio justo y el consumo responsable.

Actualización: La guionista de Esclavas, Alicia Palmer, nos remite el enlace a otras dos cómics suyos que pueden descargarse en la página de los amigos de Tebeosfera, en el siguiente enlace: https://www.tebeosfera.com/colecciones/hombres_feministas_2017_cepaim.html

Muchísimas gracias por enriquecer esta entrada.

A vueltas con la literatura y el cómic

9788415979166

Un acontecimiento editorial, la publicación por la editorial Impedimenta de la traducción al castellano de la épica versión en cómic de las Vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero, de Martin Rowson sobre el clásico literario Sterne, volvió a reavivar hace un par de años el siempre latente dilema de si las grandes obras literarias pueden y deben ser versionadas en cómic.

El caso que nos concierne es, además, particularmente significativo por cuanto la obra de Sterne, clásico indispensable dentro de la historia de la literatura, arrastra junto a obras del calibre de El Quijote, el Ulises de Joyce o En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, la fama de ser todas ellas inadaptables.

La sacrosanta condición que ha adquirido la literatura en nuestra época (posiblemente en contraste con el auge de sus parientes pobres de la cultura popular) hace que a menudo se confunda el justo prestigio de los clásicos con una fanática defensa ante cualquier contaminación que pudiera producir el acercamiento a ellos del cine o el cómic.

Tristram

Sin embargo, sospechamos que el propio Sterne se hubiera mostrado complacido por las dos magníficas adaptaciones de su criatura. Primero la estupenda película de Michael Winterbottom, y ahora la traducción al castellano de la versión en historieta que Martin Rowson ya había editado en el Reino Unido en 1996.

Ninguna de estas versiones pretende sustituir la lectura del original, ni tampoco se resignan a ser una especie de señuelo introductorio para atraer a legos al gran templo literario. Sencillamente se trata de obras plenas e independientes, capaces de producir su propio placer y beneficio.

Hasta que no entendamos esto, también en nuestras aulas y bibliotecas escolares, seguiremos reproduciendo este estéril debate que en la práctica está impidiendo que se generalice y consolide una práctica editorial que consideramos interesantísima. Desde hace una década, la editorial sm incluye en su catálogo escolar versiones de clásicos de la literatura castellana y universal en versiones de cómic. Entre ellos encontramos magníficas obras de autores de la historieta francobelga, como el Robinson Crusoe, de Christophe Gaultier o La isla del tesoro, de Frédéric Simon y David  Chauvel.

Entre los autores españoles queremos destacar a David Rubín, con obras de Bécquer y Shakespeare, y a Santiago García y Javier Olivares, con su versión de El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde. El primero de ellos es uno de los autores más relevantes del tebeo español, galardonado como Autor Revelación del Salón de Cómic de Barcelona 2006 y creador de obras esenciales como El héroe o Beowulf (otra adaptación literaria logradísima). Los segundos, a su vez, alcanzaron recientemente el doblete del Premio a la mejor obra española en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2015 y el Premio Nacional de Cómic 2015, ambos por su obra Las Meninas.

Vidas de cómic

Las últimas décadas han convertido en habitual el hecho de que la industria cinematográfica eche mano de su primo pobre, el cómic, para nutrirse de guiones y personajes. No es tan frecuente, sin embargo, que el propio medio y sus autores sean objeto del interés del cine, o al menos del más comercial, siempre limitado por su vocación generalista y taquillera. La excepción es el documental, género minoritario, pero que cada vez más ambicioso, en la medida en que pone en cuestión las viejas convenciones sobre los temas que son o no susceptibles de ser tratados en una película de no ficción.

Nos ha parecido interesante traer aquí un puñado de títulos que han adoptado este enfoque en los últimos años. Todos ellos centran su interés en un autor relevante en la historia del cómic, pero de forma paralela tratan la cuestión de cómo los tebeos se han ido abriendo paso a un reconocimiento social y cultural del que no siempre han gozado.

DocusEn ese sentido, nos parece una tarea del máximo interés visibilizar a los autores más allá de los estrechos márgenes del aficionado tradicional y lograr así que sus nombres suenen a un público más amplio que por fin reconozca  en el cómic un medio de expresión artístico tan válido como cualquier otro.

Se trata de películas como Crumb, de Terry Zwigoff, Tintin et moi, de Anders Østergaard, Tatsumi, de Eric Khoo o Dear, Mr. Watterson, de Joel Allen Schroeder.

El Mr. Watterson que da título a la última de estas películas no es otro que el creador de la genial tira gráfica Calvin y Hobbes. Una creación que pronto contó con el aplauso de millones de seguidores en la prensa diaria de Estados Unidos y cuya fama se expandió rápidamente al resto del planeta, donde desde la década de los años 80 del siglo pasado ha vendido millones de copias de sus libros y conquistado a varias generaciones de lectores.

Dear-Mr-WattersonA pesar de que Dear, Mr. Watterson es formalmente un documental convencional, con multitud de entrevistas yuxtapuestas que van configurando el retrato global del autor y su trayectoria, lo cierto es que, a medida que avanza, Joel Allen Schroeder nos propone una serie de reflexiones sobre los cambios que afectaron al mundo del cómic a lo largo de la carrera de Watterson, la lucha de este por otorgarle el prestigio cultural que merecía, o su quijotesco enfrentamiento contra los intentos de mercantilización de sus personajes.

ExamenMás allá de sus limitaciones, este documental se muestra finalmente como un emotivo homenaje a la relación de los lectores de cómic con sus personajes favoritos, así como a la capacidad de obras tan notables como Calvin y Hobbes de influir en millones de personas y borrar de una vez por todas las falsas dicotomías entre alta cultura y cultura popular.

Joaquín Ayala

Humor gráfico

La última edición del Salón de Cómic de Barcelona presentaba, entre otras exposiciones (nos ocuparemos, espero, de alguna más), una titulada Cifré & Cifré en la que se recuperaban algunas de las obras más significativas de Guillermo y Guillem Cifré, padre e hijo, autores que revolucionaron el cómic español, cada uno con un estilo personal, en dos épocas distintas.

Confieso que para el que esto escribe el gran descubrimiento fue el recientemente fallecido Guillem Cifré, autor de historietas, ilustraciones e instalaciones artísticas a menudo asociadas más o menos a la ligera al surrealismo pero, en cualquier caso, de altísima originalidad. Fue colaborador habitual en prensa y un destacado representante de lo que suele denominarse humor gráfico.

Tecnología, por Cifré

Tecnología, por Cifré

Precisamente conocer parte de su obra me hizo reflexionar sobre el poco uso que los profesores de lengua en particular, y los docentes en general, hacemos de una herramienta de comunicación tan potente como el humor gráfico. Más allá de la mera ilustración de un texto dado, casi nunca presentamos a nuestros alumnos ejemplos de humor gráfico como lo que es, un medio de expresión per se, susceptible de ser por tanto interpretado y analizado.

Max

Es usual que acudamos a las secciones de opinión de los periódicos impresos o digitales en busca de los célebres textos expositivos-argumentativos con que aturdimos a nuestros alumnos y allí están, muy cerca, a mano, las viñetas, impasibles, preñadas de sentido, esperando una oportunidad de visitar las aulas que habitualmente no llega.

Desde mi regreso de Barcelona he empezado a poner en práctica, creo con cierto éxito, esta reivindicación del humor gráfico como medio privilegiado para lograr que los alumnos comenten, rebatan o compartan la opinión de los dibujantes. Junto a Cifré, por ahora han sido convocados a esta fiesta Max y El Roto.

Joaquín Ayala