#NOS QUEREMOS VIVAS

La sociedad española ha mostrado este martes su más profundo pesar por la muerte, en Huelva, de Laura Luelmo Hernández.

La joven profesora de apenas 26 años salió a correr el pasado miércoles por las afueras de El Campillo. Llevaba en el pueblo apenas ocho días, había llegado al lugar para cubrir una baja en el instituto de Nerva. Era su primer trabajo y todavía estaba adaptándose a la vida lejos de su Zamora natal . Cuatro días después, tras una intensa búsqueda, su cuerpo sin vida fue hallado con signos de violencia y según apuntan fuentes del caso, semidesnuda, violada y golpeada cruelmente.

Como si de una broma cruel del destino se tratara, su último tuit se convirtió el mismo lunes en un poderoso emblema: el 8M colgó una ilustración relativa al Día de la mujer trabajadora. Pero además, los internautas también se dieron cuenta de lo significativo de un retuit que había hecho algún tiempo antes: «Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo».

A pesar de que su caso, si se demuestra que ha muerto a manos de un hombre, pueda quedar fuera de la ley de violencia de género (por no tratarse de una muerte a manos de algún ex o de su pareja), el clamor y la indignación de las redes no se ha hecho esperar  y ha promovido la denuncia bajo los emblemas feministas que condenan a las víctimas por este tipo de violencia.

Entre ellos destacan:

A continuación me gustaría compartir dos artículos de opinión que he leído en las últimas horas y que reflejan muy claramente el sentir de nuestro país ante este cruel crimen.

 

ARTÍCULO 1:

¡A correr!

Hay generaciones y generaciones de mujeres que hemos tomado, con el biberón, el miedo y la cautela hasta interiorizarlos. Pero hemos criado a las siguientes para que se sientan iguales y libres.

Hay días en los que las palabras nos salen a borbotones. Y otros, en los que nos pesa una fatiga muy antigua y tenemos que hacer un ejercicio de voluntad para volver a decir lo que la piel, el cerebro, el sentido común y la experiencia llevan siglos diciéndonos pero que, solo en determinadas circunstancias históricas, se convierte en un grito multitudinario. Como ahora. No somos solo un cuerpo disponible. No, las mujeres no somos solo eso, por más que hoy nos usen para vender un coche, mañana para curar traumas, pasado mañana para ganar una apuesta sexual entre amigotes, casi siempre para sostener la frágil arquitectura emocional de la vida y siempre para que la rueda gire, porque qué sería del mundo si hubiera que pagar con dinero el trabajo gratis que hacen las mujeres.

No, nosotras no somos solo un cuerpo disponible. Pero es que ellos no son solo un pene incontrolado. La mayoría estamos rodeadas de hombres con los que nos tratamos de igual a igual, hombres que domestican el machismo aprendido para convivir con sus amigas, sus novias, sus compañeras… mujeres que marcan claramente el perímetro de su vida al margen de cómo ellos las vean. Y nos necesitamos todos para desmontar pieza a pieza este Lego de siglos que afecta a la educación, a la economía, a la cultura y a la manera en que podemos convertir el amor o el deseo en un salvavidas o en una trampa.

Necesitamos a estos hombres para convencer a esos otros hombres que incluso ayer, con el cuerpo semidesnudo de Laura Luelmo recién encontrado, nos insultaban en las redes sociales. No basta con que nos muestren su solidaridad, hay que exigirles que se conviertan en voceros y pedagogos de la masculinidad que ellos representan. Que lo hablen, lo discutan, lo analicen, entre ellos.

Hay generaciones y generaciones de mujeres que hemos tomado, con el biberón, el miedo y la cautela hasta interiorizarlos. Pero hemos criado a las siguientes para que se sientan verdaderamente iguales y libres. Son muchas y están en todas partes, en la calle, en los centros de trabajo, en los senderos, de día y de noche. Y cuando el dolor que estos días nos encoge el estómago se diluya, volverán a las calles y a los senderos, solas o acompañadas. A correr por el placer de hacerlo. Imparables.

Pepa Bueno, wwwelpaís.com, 19 de diciembre

 

ARTÍCULO 2:

Codazos

Es hora de que los hombres tomemos la iniciativa para acabar con esta violencia. Porque tomamos cañas con los asesinos.

Laura Luelmo está, para su desgracia, en las estadísticas. Es una más de las mujeres asesinadas porque algún hombre tenía un problema psíquico que le hacía pensar que poseía algún derecho sobre Laura, o de carácter sexual o relacionado con el poder que uno de los dos grandes grupos en que se divide la sociedad, el de los machos y el de las hembras, ha tenido tradicionalmente sobre el otro.

No creo que sea significativo el número de hombres que son atacados en parajes solitarios cuando se van a correr. Puede ser que esa estadística esté sin hacer. Y seguramente eso es razonable. O sea, que podemos decir con la tranquilidad de equivocarnos muy poco, que casi un cien por cien de los casos de ese tipo tienen a mujeres como víctimas y a hombres como victimarios.

El caso de Laura es tan claro que nos deja a casi todos con una sensación de injusticia que tiene todas las certezas cumplidas.

Pero es solo una apariencia. El presunto asesino viene de una familia dedicada a la venta ambulante y se llama Montoya de primer apellido. ¿Por qué la biempensante sociedad española no le ha dedicado todavía su tiempo a esos aspectos tan destacados de la personalidad de Bernardo Montoya? La cualidad de gitano del presunto asesino de Laura no deja lugar a dudas. ¿No hay nada que decir al respecto?

Pues si no, lancemos un grito de esperanza, porque eso querrá decir que Laura ha muerto por ser mujer, y nada más. Ni nada menos. Alguien perfectamente integrado, tan español como, por ejemplo, el asesino de Diana Quer, ha matado por ser mujer a Laura Luelmo.

El grito de esperanza se nos muere, por supuesto, a mitad de la garganta: si miramos las estadísticas, una abrumadora mayoría de los asesinos de mujeres son españoles, blancos, y con empleo. Maldición, no podemos echarle la culpa a nadie que sea distinto. A Laura, a Diana y a tantas otras las ha matado gente como nosotros.

Algo hay que hacer, supongo que sobre todo en la educación. Pero también en los bares, donde los viriles codazos cómplices con los chistes sobre mujeres deberían ser sustituidos por codazos igual de viriles en la boca de los emisores de las gracietas.

Es hora de que los hombres tomemos la iniciativa para acabar con esta violencia. Porque tomamos cañas con los asesinos.

Jorge M. Reverte,www.elpaís.com, 21 de diciembre

También se debe recordar una de las grandes pasiones de Laura, las caricaturas. En 2016, entre ellas las dedicadas a la obra de Cervantes, fueron expuestas en la Biblioteca Nacional de Madrid.