eco escuela 2.0 | Acceder

EDITORIAL II


Daniel Goleman y José Antonio Marina le pusieron nombre: es muy preocupante la tendencia de las nuevas generaciones al aislamiento, la depresión, la ira, la falta de disciplina, el nerviosismo, la ansiedad, la impulsividad y la agresividad. Será la depresión la enfermedad del siglo XXI, produciéndose también un aumento de las conductas adictivas. Creíamos que […]

Autor: «» Publicado el Abr 25, 1999 en Editorial (Revista 2) | 0 comentarios

Daniel Goleman y José Antonio Marina le pusieron nombre: es muy preocupante la tendencia de las nuevas generaciones al aislamiento, la depresión, la ira, la falta de disciplina, el nerviosismo, la ansiedad, la impulsividad y la agresividad. Será la depresión la enfermedad del siglo XXI, produciéndose también un aumento de las conductas adictivas. Creíamos que no nos iba a tocar, que esas cosas sólo pasaban en sociedades poco desarrolladas. Si acaso podrían suceder en la sociedad norteamericana, tan violenta en sí misma, tan desarraigada y tan racista, donde ya existen detectores de metales en las escuelas. O en la Francia radical, la de los camiones de frutas volcados en la frontera, donde el Ministerio de Educación se planteó enviar al ejército a los centros de secundaria. Pero los fenómenos de violencia, el aumento alarmante de los casos de indisciplina grave, ponen de manifiesto el aterrizaje en nuestras aulas de la desestructuración social. Nos afectan y no sólo en sectores urbanos marginales sino de una forma casi generalizada: en todos lados cuecen habas.

El propio Marina, cuya abundante bibliografía apoya cualquier intento de reflexión sobre este tema afirma: “(todos estos fenómenos) significan que tenemos grandes dificultades para resolver problemas que afectan seriamente a nuestra afectividad, a nuestra vida en convivencia, a nuestro bienestar personal, a las condiciones éticas de nuestra vida”.

El caso es que estas cosas ocurren en países desarrollados, democráticos, con una situación próspera y sistemas educativos generalizados. Como los pájaros canarios que los mineros asturianos bajaban a la mina en otro tiempo y que les avisaba de la falta de oxígeno en la mina, hechos hay en nuestra escuela de hoy que nos alertan de algo, tendremos que diagnosticar el qué. La revista Tamadaba se acerca en su segundo número, a esta problemática instalada en la atmósfera de nuestras aulas como un anticiclón. Pero de qué estamos hablando exactamente. J.M. Moreno Olmedilla nos hacía reflexionar hace unos meses: ¿Se trata de desmotivación, de indisciplina, de disrupción en las aulas, de mal trato entre compañeros/as, de vandalismo, violencia física, acoso sexual…? Y es que no podemos meter todas las cuestiones en el mismo saco, cada una debe tener una respuesta diferente, educativa o no.

El valor de educar, aparte del título de una obra del filósofo vasco Fernando Savater, es el reto que se nos plantea a los enseñantes. A J.A. Marina, profesor de un Instituto de Secundaria no se le ocurre mejor tarea que la de educar afectivamente. La educación prosocial parece ser una buena salida: mejorar el clima del aula, resolver los conflictos dialogando y el desarrollo de la competencia social.

* Las referencias bibliográficas de las obras y autores que nombramos las podrán encontrar en el apartado de lecturas recomendadas al final de la revista.

Deja tu comentario