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DIARIO SENTIMENTAL DE UN VIEJO EDIFICIO.


En primer lugar quiero presentarme. Soy un edificio de más de 40 años de edad situado en las Palmas de Gran Canaria, en la Calle Mariucha nº 80. En mi larga historia he visto pasar por mis entrañas miles de alumnos y alumnas y cientos de profesores y profesoras que con su esfuerzo y su […]

Autor: «Diego Díaz Espino. IES Schamann.» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Abr 18, 2000 en Intercambio de experiencias (Revista 3) | 0 comentarios

En primer lugar quiero presentarme. Soy un edificio de más de 40 años de edad situado en las Palmas de Gran Canaria, en la Calle Mariucha nº 80. En mi larga historia he visto pasar por mis entrañas miles de alumnos y alumnas y cientos de profesores y profesoras que con su esfuerzo y su ilusión han ido fraguando mi historia. Tengo unos intestinos de 30 aulas comunes, unas vísceras de 8 aulas específicas, unos ojos de dos aulas de audiovisuales, un corazón de 8 departa­mentos, unas manos con sala de reprografía, etc.; tengo amputado el gimnasio y las duchas y mis canchas en cabestrillo. Espero que el médico de infraestructura me los reponga o me los repare. Por mi boca entran todos los días 710 alumnos y alumnas y 63 profesores y profesoras que, en turno de mañana, se dividen en 7 cursos de prime­ro de la E.S.O., 8 de segundo, 7 de tercero y 7 de cuarto. También tengo que decir que la mayoría de mi alumnado proviene de barrios marginales (Polvorín, Buque de Guerra, etc.) con grandes problemas económicos, culturales y, lo que más siento, con grandes problemas familiares y emocionales, que sólo puedo comprender cuando veo que la mayoría del alumnado que cada día entra y sale está triste, sufre con esas lágrimas internas que sólo mis paredes y mis chicos y chicas padecemos en el día a día, manifestándolo con acciones violentas contra sus compañeros y compañeras y contra mí.

Una vez hechas las presentaciones, tengo que contarte que desde el curso 1998-1999 suceden dentro de mí una serie de acontecimien­tos que me gustaría compartir contigo, amigo lector, porque en los últi­mos meses estoy sintiendo una nueva experiencia que está cambiando mi semblante y mi ánimo, que cada día hace posible que, aunque tenga tantos años, esté sintiendo que rejuvenezco, porque respiro, vivo y palpo una gran ilusión, un trabajo continuo y, sobre todo veo cómo esos alumnos y alumnas no sólo están alegres, sino que ven la vida como algo que vale la pena, a pesar de sus tristes y, en algunos casos, angustiosas existencias.

Los objetivos que se plantearon durante ese curso fueron los siguientes:

– Resolver los graves problemas de disciplina que existían en el cen­tro. Me alegra ver que esos alumnos y alumnas que se pegaban continuamente, se insultaban y no sabían dialogar ya no lo hacen e insultan mucho menos. Lo que más me llena de orgullo es que participan y colaboran en la organización del centro a través de la junta de delegados y delegadas, de sus representantes en el Consejo Escolar, de los delegados y las delegadas de cultura, del debate sobre el reglamentó de régimen interno y a través del departamento de actividad y los proyectos del centro.

Ello supuso muchas horas de diálogo con el alumnado, muchas reuniones, muchas frustraciones. Aunque todos los problemas no han sic resueltos, creo que vamos por buen camino.

– Rehabilitar mi cuerpo. Me encontraba muy deteriorado y en mi malas condiciones. Durante este curso he sentido cómo mi cara ha sido pintada por una empresa que durante dos meses estuvo repara do y transformando mi exterior; he sentido cómo mis entrañas se fueron poco a poco transformando, pintando, arreglando, decorando Todo gracias a la labor del profesorado, el alumnado y personal de mantenimiento, incluida la conserje. Con rodillos, brochas, pintura agua, pintura al aceite y, sobre todo, con una gran ilusión, fuere dedicando horas, días y semanas. Así han hecho posible que me sienta tan guapo y, lo que es más hermoso, veo cómo mis alumnos y alumnas ya no me arañan, no me garabatean, no descargan su frustración contra mí, y en cambio veo mesas sin pintadas, paredes limpias, aulas cuidadas… Aunque todavía veo algunos papeles en mis pasillos muchos en mi patio, espero que poco a poco se den cuenta de que n suciedad supone peor calidad de vida. Era normal ver pos mis arterias al profesorado y al alumnado con brochas, rodillos y cubos de pintura curando mis heridas. Muchas veces el olor a disolvente era tan fuerte que algunos compañeros se pusieron enfermos. Los cambios de aulas eran frecuentes para poder arreglarlas. También era normal ver a todo el mundo cargando mesas, sillas estanterías… Veía cómo soportaban estoicamente porque querían sentirse cómodos dentro de mí. Se cambiaron ventanas, se pusieron persianas nuevas, se tabicaron  los departamentos, etc. Tengo que reconocer, querido lector, que ahora me siento si no hermoso, al menos muy atractivo y con la satisfacción personal de que han sido mis chicos y chicas, jóvenes y madi ritos, quienes han hecho posible este milagro.

–    Mejorar los planteamientos didácticos. Mis profesores y profesores ras eran conscientes de que lodos estos cambios no tenían sentido sin plantearse la mejora de la calidad educativa. Para ello comenzaron a plantearse la necesidad de programar el curso 1999-2000 con líneas pedagógicas más claras y más consistentes. Leyeron lodos los boletines, abusaron de todo  el asesoramiento de los CEP y de los  Programas. Asistían a todas las reuniones de las que se enteraban para poder recoger toda la información. El hecho que la mayoría no sabía si iba a continuar en el centro, no les desanimó para presentar proyectos de «Aulas Taller», «Formación en Centro”

«Agrupamientos   flexibles», etc. Además, no sólo se limitaron a presentar la documentación, sino que se reunieron con sus responsables para defender sus ilusiones y, sobre todo, hacer ver lo necesarios que eran para mi alumnado.-Integrar al profesorado. Cuando los edificios escolares hablamos de nuestras cosas, oigo cómo muchos de mis compañeros comentan los problemas que hay entre el profesorado del primero y segundo ciclos. A mí todo eso me suena no sólo a injusto sino a irreal porque en mi seno sólo veo esa diferencia cuando entre ellos hablan de la nómina, pero nada más. No te quiero cansar, querido lector, con mis palabras pero tú sabes muy bien que nosotros, los viejos, cuando nos sentimos ilusionados a nuestra edad, hablamos mucho. Por ello quiero pasa a hablarte del curso actual. Al inicio del presente curso recibimos la grata noticia de que todos los proyectos que se presentaron han sido aprobados. Y con esa ilu­sión comienza el curso con las metas puestas en la formación e inves­tigación en el Centro, lo que se concreta en:

– Formación-investigación del profesorado. Esbozo una sonrisa cómplice al ver que en mis mesas estudian no sólo mis chicos y chicas, sino también mis chicos y chicas mayores, lo que ustedes .llaman pro­fesores y profesoras. Estos tienen su proyecto de formación que hace que no sólo exijan, sino a exigirse un plan de trabajo. Lo hacen gracias a su horario flexible en las horas complementarias; trimestralmente deciden quiénes realizarán las tareas de funcionamiento necesarias para que el resto se dedique a investigar y a la formación; liberan a los tutores y tutoras de la mayoría de las tareas burocráticas para que se puedan dedicar a su labor pedagógica, informatizando el trabajo y realizándolo un grupo encargado. Veo que su plan de formación e investigación les está llevando a profundizar en algunos temas: infor­mática, disciplina (¿problema o reto?), recursos didácticos, metodolo­gía de proyectos, elaboración de unidades didácticas, etc.

– «Aulas Taller». Me estremezco sintonizando con la ilusión de 63 profesores y profesoras que día a día debaten y trabajan para hacer florecer lo mejor que mis chicos y chicas tienen dentro de sí. Lo hacen con imaginación, con dedicación y sobre todo con un gran sentido de la profesionalidad. Me maravillo al observar como a través del pro­yecto «Aulas Taller», se están potenciando en mi seno 12 proyectos. Con ellos, el profesorado junto al alumnado están consiguiendo poco a poco cambiar.

– Participación. Están debatiendo el Reglamento de Régimen Interno, van a debatir el Proyecto Educativo, el Proyecto Curricular, etc. pero no de una forma mecánica, sino adaptándolos a las característi­cas de nuestro alumnado y sobre todo siendo conscientes de la impli­cación personal y colectiva que la aprobación de cada punto conlleva. Pero no sólo lo hace el profesorado, sino también el alumnado a tra­vés de su Junta de Delegados y Delegadas. Me ilusiona ver cómo ya en el mes de febrero están preparando el curso 2000-2001: los recur­sos, su plan de formación en el centro, sus proyectos y la infraestruc­tura necesaria para que todo lo anterior se pueda poner en marcha.

Siento cosquillas cuando entran paquetes que renuevan todos los medios informáticos: ordenadores en red, conexión de todos los orde­nadores a internet, tarjetas de vídeo a televisión; el profesorado se sus­cribe a red canaria y ya les suenan familiares términos como www, com, es, @… y fíjate, amigo lector, qué cosa tan sorprendente, ya se remiten y se saludan a través del correo electrónico; han llegado a tal extremo que a algunos profesores que se enferman se les envían men­sajes a través de este medio y, el colmo es cuando profesores que están de baja en su casa mandan desde sus casas trabajos al centro. Para un viejo como yo, todo esto me llena y me produce una gran alegría.

Me alegro cuando veo llegar a visitantes que quieren conocer lo que dentro de mis entrañas sucede cada día. Me alegra ver cómo las asesoras del CEP vienen con frecuencia a ayudar a mis muchachos y muchachas. Me siento orgulloso de que por nuestro Centro estén pasando el Director General de Infraestructura, el Director General de Centros, la Inspectora General, etc. Pero lo que más me llena de orgu­llo es ver a mis alumnos y alumnos cada vez más contentos y a mis pro­fesores y profesoras cada vez más ilusionados.

Agradezco al alumnado que cada día haga posible que las ilusio­nes y utopías se hagan realidad. A mis chicos y chicas grandes (pro­fesores y profesoras), les agradezco su ilusión, su trabajo y su profe­sionalidad. A todos y todas les doy las gracias porque podemos decir que la enseñanza pública no sólo tiene presente, sino que es impres­cindible en el futuro y sobre todo, porque a este viejo edificio le han devuelto las ganas de vivir y han cambiado su existencia.

Y a ti, amigo lector, amiga lectora, te invito a que vengas a visitar­me, a que veas cómo cada día me siento un viejo joven, a que seas partícipe de mis experiencias y mis intereses y, sobre todo, a que nos aportes tu experiencia ya que mis muchachos y muchacha todavía tie­nen muchos problemas por resolver y en muchos casos no saben qué hacer. Ayúdalos, porque, de verdad, creo que se lo merecen.

CREEMOS EN LA ESCUELA PÚBLICA CUANDO PASAMOS DE SER FUNCIONARIOS Y FUNCIONARIAS A PROFESIONALES DE LA EDU­CACIÓN.

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