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MÉTODOS DE ESTUDIO


Nos guste o no vivimos a toda velocidad en la sociedad de la información, la tecnología y el cambio. Las estructuras sociales están en continua tensión para adaptarse a los nuevos desafíos que se nos presentan. Tenemos que aprender y adaptarnos a un ritmo vertiginoso, sin embargo nuestro sistema educativo parece ir a la zaga […]

Autor: «Fernando Rodríguez Sosa y Julio Manuel Peña García» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Abr 15, 2002 en Intercambio de experiencias (Revista 5) | 0 comentarios

Nos guste o no vivimos a toda velocidad en la sociedad de la información, la tecnología y el cambio. Las estructuras sociales están en continua tensión para adaptarse a los nuevos desafíos que se nos presentan. Tenemos que aprender y adaptarnos a un ritmo vertiginoso, sin embargo nuestro sistema educativo parece ir a la zaga de los acontecimientos arrastrando rémoras y problemas seculares. La educación no necesita una reforma sino una revolución. En espera del gurú de la pedagogía futura hay sin embargo pequeñas cosas que pueden hacerse. Tomemos por ejemplo un concepto, piedra angular del aprendizaje: estudiar. Para nosotros educadores es un conocimiento implícito. Todos sabemos qué queremos decir cuando pedimos a un alumno que estudie y suponemos que él sabe también a qué nos referimos. Pero, ¿realmente lo sabe? Es más ¿realmente lo sabemos nosotros? Estudiar es un complejo proceso que implica nuestras capacidades cognitivas y volitivas y en mi opinión, cometemos una frivolidad cuando asumimos que todos, incluidos nosotros, tenemos un conocimiento innato de ese cómo.

Estudiar es algo más que memorizar y la imagen  de nuestros alumnos recitando un texto una y otra  vez como si fueran estudiantes del Corán en una Madraza es bastante familiar para la mayoría. Los alumnos y alumnas carecen de técnicas y estrategias que les permitan afrontar el estudio de manera adecuada. No existe en el currículum ninguna aproximación seria y sistemática del cómo del estudio. Como mucho unas nociones elementales sobre el subrayado y los esquemas nos parecen suficientes. Pero no lo son. Si queremos que nuestro alumnado estudie también debemos enseñarles cómo hacerlo de una manera rigurosa y pautada y quizás, en muchos casos, debamos primero aprender nosotros.

Las, en mi opinión mal llamadas, técnicas de estudio, se encuentran en la literatura científica y no científica desde hace relativamente poco tiempo. Otra cosa son las reglas nemotécnicas cuya historia se remonta a la antigüedad clásica. No existe una técnica de estudio definitiva aunque existen diferentes enfoques. Por un lado tenemos un enfoque conductista cuyo énfasis es en las condiciones ambientales, aspectos motivacionales y condiciones de la tarea. Por otra parte está el enfoque cognitivo instruccional que toma en cuenta aquellos aspectos de las teorías del procesamiento de la información como la codificación y la recuperación informativa. Independientemente del enfoque o paradigma del que proceden muchas de las estrategias se repiten en los distintos métodos: vistazo inicial, hipótesis previas, uso de organizadores, resúmenes, asociación de imágenes, integración de las partes con el todo, autopreguntas, repaso, etc. Entre los métodos más conocidos podemos nombrar el S.O.3 R (Robinson 1961), el M.U.R.D.E.R (Dansereau, D. McDonald, B y otros, 1979, R.E.A.T. (Eaner y Manzo, 1976), D.R.T.A (Stauffer, e975), Request (Pearson y Johnson, e978), Pime-3 (Hernández y García, 1985) etc.

Como mencionamos previamente no existe un método definitivo y ninguno es una panacea que obvie el esfuerzo personal y el interés convirtiendo al alumno/alumna en estudiantes modelos por arte de magia. En cualquier caso dota a los estudiantes interesados de herramientas y estrategias válidas para acometer la tarea de estudiar en condiciones favorables. La elección del método adecuado tiene a su vez que tener en cuenta las personas a las que se dirige, ya que no es lo mismo, pongamos por caso, un estudiante universitario que un alumno de la ESO. Las necesidades son distintas. Para los alumnos más jóvenes una técnica de estudio eficaz debe abarcar también aspectos motivacionales, organizativos y ambientales. Idealmente también debería tener en cuenta los diferentes estilos cognitivos y las diferentes estrategias para cada asignatura. Como vemos algo más que subrayar y hacer esquemas.

En definitiva y a modo de conclusión las técnicas y estrategias de estudio deberían ser parte fundamental del currículum, no como asignaturas en sí mismas con exámenes y evaluaciones, sino como herramientas indispensables en el proceso de aprendizaje global. Estamos convencidos que parte del fracaso escolar se da en alumnos desmotivados porque sus esfuerzos por realizar la tarea de estudio son ineficaces. Merece la pena recuperar a estos alumnos dotándolos de los instrumentos que necesitan. En cualquier caso y en palabras de Tony Buzan “aprender a aprender es la habilidad más importante de la vida”

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