No más miedo

He tomado una firme decisión:

A partir de hoy,

no más miedo al Miedo.

 

Encenderé  en la Oscuridad del Pasillo

velas de entereza.

Pintaré el Cuarto de los ratones

con el acogedor color cariño.

Pensaré en el Hombre del Saco

como el bonachón de Papá Noel.

Jugaré con el Coco al boliche y

a calimbre con los Monstruos.

Y volaré con la Bruja Pirula

al Mundo de los Espectros y al Infierno.

 

A partir de hoy:

no más miedo al Miedo.

 

Pasearé bajo las escaleras

acompañando al Gato Negro.

Haré un nido a la Araña,

junto a mi cama.

Veré a la roja Sangre

como una compañera de viaje.

Dormiré con una nana a la Pesadilla,

seré más alto que la Altura

y más noctámbulo que la propia Noche.

 

A partir de hoy:

No más miedo al Miedo.

 

Y así cuando venga la Señora de la Guadaña,

le invitaré a sentarse, le serviré un té

y  le leeré la historia de Juan Sinmiedo.

 

Paco Villanueva. Febrero 2002

 

Mi isla

 

Mi isla tiene caminos,

senderos que la enervan

que la circundan y abrazan,

que a su corazón llegan.

 

De Maspalomas al Roque,

desde Agaete a la Aldea,

de la Isleta a Arinaga,

del puerto a la cumbre

y con el mar su enamorado,

que la rodea y la ama.

 

Por rutas de cabras,

angostas, curvas y escarpadas,

el pie del cabrero,

su paso firme y cansado,

marca los senderos

que los tiempos respetan

para seña de caminantes venideros

que a través de montes, valles,

barrancos y cañadas

lleguen hasta la misma Artenara,

recóndita villa, entrañable y bella,

alta mas no altiva, con secillez  señorial,

balconada dialogante con la vecina hermana

con su pico Teide, primo del Roque Bentayga,

al que saluda, con el sol, cada mañana.

Se abriga con la bruma del aliseo,

se viste de pino, almendro y retama

y su Jesús bendito, desde lo alto,

nos bendice con el alma.

 

De la cumbre a la playa,

del vergel al desierto, la arena,

de la nieve al sol,

todo en Gran Canaria es posible y bello

por sus caminos de tierra, asfalto o piedra,

por su variedad, por su color.

 

¡Isla mía!

Siento, desde mi lejanía, en mi pecho,

el calor de tu presencia,

la brisa marina que encrespa mis cabellos

y  los mece, como palmas al viento;

el rumor  suave de tu mar,

me resuena como arrullo enamorado

del mecido galanteo

que mantiene con la costa.

 

Suspiro,

Aspiro y percibo los efluvios de tu flora…

me hacen soñar,

me hacen creer que, entre pinos,

por Tamadaba, por sus senderos,

salí a pasear.

 

Ana Zarzo Rodríguez

 

¿Vejez?

Mi vida es:

mi hoy constante;

un kilómetro cero

con metros recorridos.

Es un presente continuo.

 

La vida es:

un ahora eterno.

La atemporalidad vivida,

un ya,

con ilusión y cansancio,

con apatía y sonrisa,

con amor y tristezas.

 

La vida es:

un sentir,

cambiante y cambiado;

una suma de sumandos

sin total cumplido.

Ana Zarzo Rodríguez

 

El alumno

Miré al cielo y vi una estrella

“Es la estrella Polar”, oí y lo aprendí.

 

Caminando por el campo

una planta encontré,

la olí, la toqué, la sentí,

dijéronme “es una flor”

Es un jazmín.

 

Seguí caminando un tiempo

cogido de una mano amiga

con ella seguí aprendiendo

y me ayudó a crecer,

a saber apreciar el mundo en el que vivo,

a poder comunicarme,

a expresar lo que siento.

 

Pude caminar ya solo

y dar a otros la mano,

enseñar cómo son las flores,

cómo se forma la lluvia,

de qué se compone el pan.

 

Gracias le doy, cada día,

al que me enseñó a conocer la vida,

a ser persona, a pensar,

a leer y a sumar.

Ana Zarzo Rodríguez.