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“EL APRENDIZAJE COOPERATIVO: IGUALES PERO DIFERENTES”


 Pedro Luis González López   IES Santiago Santana pedroluis.filosofia@gmail.com   En una de sus últimas publicaciones Pere Pujolás (Pujolás, 2008) nos recuerda algo que los docentes tenemos más que comprobado: nuestro alumnado es diferente. Aunque quisiéramos agruparlos bajo un supuesto filtro de “igualdad”, “mismo nivel”… (siempre hay partidarios de dicha forma de agrupamiento), ni siquiera así […]

Autor: «Pedro Luis González López» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Feb 13, 2012 en Igualdad de oportunidades (revista 14), Revista 14 | 0 comentarios

 Pedro Luis González López 

 IES Santiago Santana

pedroluis.filosofia@gmail.com

 

En una de sus últimas publicaciones Pere Pujolás (Pujolás, 2008) nos recuerda algo que los docentes tenemos más que comprobado: nuestro alumnado es diferente. Aunque quisiéramos agruparlos bajo un supuesto filtro de “igualdad”, “mismo nivel”… (siempre hay partidarios de dicha forma de agrupamiento), ni siquiera así nos encontraríamos con grupos totalmente homogéneos. La razón es de sobra conocida: afortunadamente las personas somos diferentes. Por eso está más que demostrado que tratar de la misma forma a los que son diferentes no funciona. Pero lejos de facilitarnos la tarea docente, esto la hace más compleja, por eso Pujolás menciona lo que se ha dado en llamar la “lógica de la heterogeneidad”, que viene a señalar que, ante la dificultad que supone tener alumnado diverso en nuestras aulas, necesitamos recurrir a soluciones complejas, no simplistas.

A partir de esta premisa se justifica que el aprendizaje cooperativo, dentro de la familia de modelos de enseñanza sociales (Joyce y Weil, 2002), ofrezca algunas ventajas para trabajar en el aula desde la diferencia y que a la vez favorezca la igualdad de oportunidades de aprendizaje de nuestro alumnado.

Dejando a un lado los fundamentos teóricos en los que se basa este modelo de enseñanza (Vygotsky, Piaget, David y Roger Johnson, Ausubel, Rogers, Gardner,…), nos vamos a detener en señalar algunas de sus características, para relatar después cómo lo estamos llevando a la práctica.

Son muchos los elementos que caracterizan al aprendizaje cooperativo, algunos de ellos son:

  1. Composición de grupos heterogéneos. Heterogeneidad en varios sentidos: género, nivel académico, motivación…; de esa manera el alumnado puede beneficiarse de las ventajas del aprendizaje cooperativo en cuanto a conflictos cognitivos, complementación de funciones, situaciones de andamiaje…
  2. Interdependencia positiva. Refleja la idea de que el éxito individual pasa por el éxito del grupo; para el alumno o alumna supone la responsabilidad de tener que aprender los contenidos que correspondan, a la vez que asegurarse que el resto del grupo también los aprenden. Se entra así en una dinámica de compartir recursos, apoyo mutuo y celebración de éxitos. Todos contribuyen al objetivo común, desde la diversidad de recursos, habilidades, funciones…
  3. Responsabilidad individual. Importante para evitar el “parasitismo” de aquellos que intentan eludir su parte. Cada miembro del grupo se hace responsable de una parte de la tarea, de tal manera que el éxito del grupo depende del trabajo individual de todos sus miembros.
  4. Igualdad de oportunidades para el éxito. Significa que cualquier alumno o alumna puede realizar aportaciones a la mejora de los resultados de su grupo. Para ello tendremos que evaluar y exigir a cada uno según sus posibilidades y sus progresos, y no en relación a toda la clase. Igualmente tendremos que evaluar aprendizajes variados (en términos de competencias básicas) y no sólo los referidos a contenidos, así conseguiremos que el alumnado con más dificultades en las actividades académicas pueda mejorar su motivación y expectativas de éxito.
  5. Evaluación grupal.  Esencial para que los grupos funcionen. Significa evaluar la adquisición de los contenidos, pero también la propia dinámica de trabajo del grupo, incluyendo para ello la autoevaluación.

Veamos ahora un ejemplo de implementación del aprendizaje cooperativo en un grupo de 4º de ESO, tal y como lo estamos llevando a cabo en nuestro centro.

Antes de comenzar a trabajar en grupos cooperativos justificamos mínimamente al alumnado la conveniencia y las ventajas de dicho modo de trabajar, insistiendo en el valor del apoyo mutuo, la colaboración, así como en el hecho de que evitaremos el “parasitismo” que suele darse al trabajar en grupo de forma más tradicional, donde uno trabaja y los demás miran. 

Habitualmente comenzamos con una especie de sociograma en el que pedimos a cada alumno-a que escriba en un papel el nombre de tres personas de la clase con las que le gustaría formar grupo y otras tres con las que preferiría no hacerlo. Les dejamos claro que eso no significa que los grupos se vayan a ajustar a sus deseos, pero sí que tendremos en cuenta esas preferencias. Hemos comprobado que este elemento emocional, empático, es más determinante que otros criterios de formación de grupos, como, por ejemplo, el nivel académico.

El siguiente paso supone que aquellos docentes que forman parte del equipo educativo, y que van a trabajar con aprendizaje cooperativo, distribuye al alumnado en grupos, manejando, fundamentalmente, tres criterios: nivel de empatía (a partir del sociograma anterior), nivel académico, y género, evitando grupos sólo de chicos o sólo de chicas. Esto no es tarea fácil, y el resultado no suele ser del agrado de todo el alumnado, por eso intentamos que, al menos, los alumnos y alumnas no coincidan en los mismos grupos con aquellos que, en el sociograma, habían señalado como “no deseables”. Cuando los grupos empiezan a trabajar, es habitual que haya que hacer algún cambio en algún grupo.

A continuación aplicamos algunas dinámicas de conocimiento y consolidación de grupos: “los gansos”, para reflexionar sobre el valor del trabajo en equipo; “la diana”, para facilitar el conocimiento y el compromiso de los miembros del grupo; nombre y logo del grupo, etc.

Después dedicamos alguna sesión a consensuar algunas habilidades sociales imprescindibles para que un grupo pueda trabajar. Con dinámicas de role-playing, o el “folio giratorio”, discutimos y elegimos al menos dos de esas habilidades, y entre todas las propuestas siempre hay algunas que intentaremos que el grupo elija: escuchar, respetar, participar.

Tras practicar las habilidades iniciales seleccionadas (con la dinámica de “la caracola”, por ejemplo), continuamos introduciendo los roles, que nos permitirán que los grupos puedan trabajar de manera más eficaz y ordenada. Normalmente utilizamos cuatros roles: moderador, que coordina el trabajo; portavoz, que habla en nombre del grupo; responsable del orden, que vela por el nivel de ruido; y el responsable del material

A partir de ahí, las diferentes tareas que vamos proponiendo a los grupos se van realizando siguiendo el mismo esquema de trabajo: se reparte a cada grupo un dossier con las instrucciones de la tarea, los roles y una plantilla de autoevaluación del grupo.

Como conclusión, ofrecemos una serie de reflexiones necesarias para comprender lo que supone la implementación del aprendizaje cooperativo:

  1. Es importante dedicar tiempo al trabajo en equipo, y hacerlo con calidad. El alumnado necesita tiempo para aprender a trabajar en equipo, cooperativamente, por eso cuantos más docentes dediquen tiempo de sus áreas o materias a ello, el aprendizaje será más rico y rápido. Pero también los docentes necesitamos darnos tiempo, para nosotros inicialmente también es un aprendizaje que vamos adquiriendo simultáneamente con el alumnado. Debemos ser pacientes, no sólo con ellos, sino con nosotros mismo.
  2. Por esta razón, es deseable que sean muchos los docentes del mismo equipo educativo los que compartan esa metodología. Nos permitirá beneficiarnos mutuamente de los logros, y a apoyarnos en las dificultades.
  3. ¿Qué podemos perder introduciendo nuevas metodologías o modelos de enseñanza? Si hacer lo de siempre da los resultados de siempre, y éstos no nos gustan, parece evidente la necesidad de introducir aquellos cambios que estén a nuestro alcance.
  4. Introducir un cambio metodológico, como el trabajo en grupos cooperativos, es costoso. Supone dedicarle tiempo, energía, estar dispuesto a renunciar a “dar todos los contenidos” porque priorizaremos otros aprendizajes. Pero merece la pena el esfuerzo, los logros y las ventajas son indudables.
  5. Por último, no podemos olvidar que lo queremos es que nuestro alumnado adquiera no sólo contenidos, sino competencias básicas, y éstas incluyen muchos aprendizajes que sólo podrán adquirirse con la aplicación de metodologías diversas, y está contrastado que el aprendizaje cooperativo ofrece la posibilidad de adquirir esos aprendizajes.

BIBLIOGRAFÍA:

Pujolás, P. (2008). 9 ideas clave. El aprendizaje cooperativo. Barcelona. Graó.

Joyce, B. y Weil, M. (2002). Modelos de enseñanza. Barcelona. Gedisa Editorial.

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