LA COEDUCACIÓN: UN ESPACIO CON NOMBRE PROPIO

AUTORAS:

 Elsa Jayasuria Martín, IES Santa Brígida elsajayasuria@terra.es

 Pino Santana Hernández, IES San Mateo pinosah@hotmail.com

 Quizás no sean tiempos para la lírica, para el amor o para la utopía. Pero ¿Cuándo lo han sido? Quienes se han atrevido en algún momento de su vida a romper con lo establecido y dar un rumbo diferente a su proyecto vital han tenido que tener largas conversaciones con el miedo al cambio.

Nada de lo que hacemos hoy en el aula resulta realmente novedoso, transgresor o revelador. Ya hace tiempo que alguien se atrevió a hacerlo, y decimos se atrevió, porque quienes incluyen en su práctica docente un modelo diferente han tenido que enfrentarse en algún momento con lo establecido, con lo que es “normal”. Realizar un modelo coeducativo en el aula, a pesar del tiempo transcurrido y de estar en el siglo XXI, sigue levantando ampollas. ¿Por qué? ¿Qué le sucede al sistema cuando alguien plantea incluir las emociones o visibilizar a las mujeres? ¿Quién siente una amenaza?

Son preguntas que tienen miles de respuestas, y no es nuestra intención responderlas, sino que reflexionemos por un instante en qué nos sucede interiormente cuando alguien dentro del sistema decide hacerlo con otra mirada, con otra puesta en escena. ¿Qué se mueve en ese momento dentro de mí?

Nosotras llevamos largo tiempo, aunque veinte años, según la canción, no es nada, practicando un modelo que hoy en día sigue siendo cuestionado. La igualdad de oportunidades no produce ningún daño en el papel, pero cuando se hace efectiva el sistema se pone en alerta y saca la vieja artillería para recordar que lo nuevo puede resultar peligroso.

En este momento, y decimos en este momento porque mañana no sabremos cómo lo estaremos haciendo, nuestra intervención en el aula se centra en cuatro principios:

  1. Visibilización de las mujeres en el lenguaje y el currículo.

  2. Visibilización del mundo emocional.

  3. Mirada global sobre el sistema familiar.

  4. Observación. Mirada hacia el conflicto.

Vibilización de las mujeres en el lenguaje y en el currículo.

Cuando volvemos a escribir sobre la importancia de incorporar a las mujeres en el currículo en todos los sentidos, se vuelve a repetir el viejo sentimiento de hasta cuándo. Durante más de cincuenta años, o quizás más, muchas personas expertas han destacado la importancia de que nosotras estemos representadas .¿Por qué?. En este caso la respuesta es muy fácil porque lo que no se nombra se olvida. Si no hay representaciones, tanto en el lenguaje como en el temario, de nosotras, el mensaje oculto siempre será: nosotras no existimos en lo referente a lo académico.

El otro día mirábamos un libro de texto de Lengua y Literatura actual y “sorprendentemente” no encontramos ni una mención a las mujeres. Es difícil imaginar el mundo de la Literatura sin nosotras, pero en el manual no aparecíamos. El nuevo libro de Biología sólo nos nombraba en lo que se refería al cuerpo humano y el nuevo libro de Cultura Clásica tenía un apartado sobre el matrimonio y los nacimientos cuando se refería a la mujer en Roma. ¿Qué pasa? ¿Por qué es tan difícil nombrarnos?

La visibilización del mundo emocional

Expresar la agresividad en el cuerpo de un chico no nos resulta extraño. Nos preocupa. Lo atendemos dentro de la sección de conflictos, Sin embargo, el reclamo de un chico que no puede llorar no es motivo de atención para quienes estamos en el día a día atendiendo a un currículo que no llega nunca a su fin y que pone barreras para atender seriamente lo que realmente está dificultando la alegría y el equilibrio personal de este individuo.

El chico que no puede llorar no puede avanzar en su aprendizaje. El chico que no puede expresar lo que siente, oculta una parte importante de él. Su corazón se encoge, su atención se desplaza a otros lugares para él prioritarios.

La chica que no puede expresar la rabia y que utiliza el llanto como expresión del enfado se encuentra en la misma situación. Sabe inconscientemente que hay sentimientos prohibidos.

No serán las operaciones matemáticas, ni el análisis sintáctico lo que más les preocupen. Probablemente tampoco prestarán atención a lo que les suceda en su interior, a las señales de su cuerpo. Nadie se los ha enseñado. El mundo que les rodea les ha condenado la expresión de sus emociones. Les ha privado de la libertad de entrar en su interior, de verse, de comprenderse, de sentirse.

La expresión diferenciada de unas emociones para un sexo distintas a las del otro nos condena irremediablemente al eterno conflicto entre ambos.

La incorporación de las familias

La nueva mirada global sobre el alumnado nos ha ayudado mucho a entender qué sucede en este mundo empeñado en ser androcéntrico. Muchas veces hemos mirado a la familia de alguna persona, con la que trabajamos en el aula, y hemos pensado “de tal palo, tal astilla”. Nuestra mirada ha sido a menudo la del juicio: “con esa familia, qué podemos esperar”. Es muy importante en el mundo de las emociones y de la coeducación, respetar profundamente a la madre y al padre. Las madres, que suelen ser quienes visitan nuestros centros, se acercan muchas veces con el miedo de tener que escuchar lo tremendamente mal que lo hace su hija o hijo. Acercarnos con respeto, valorando lo positivo de la persona y dejando claro que desde cualquier estructura familiar se puede crecer, todo gira de una forma asombrosa. De repente la escuela se fusiona y encuentras una colaboración estupenda para cada uno de los conflictos. No es difícil, se trata sólo de respetar y valorar.

Observación. Mirada hacia el conflicto.

Todos los días miramos a nuestro alumnado; sus caras, sus sonrisas cuando las tienen, sus ropas, sus gestos, sus nuevas adquisiciones,…

Pero en coeducación la mirada debe ser otra y ésta no es peligrosa si el resultado no es el abandono. Ver, intuir, oler un conflicto no equivale a esquivar la mirada. Los conflictos crecen cuando esto ocurre. Atenderlos de frente, pero con cierta distancia, nos ayuda a tener éxito en su resolución. Al involucrarnos en él corremos el riesgo de personificarlo y lo que antes era el conflicto de alguien se convierte ahora en el mío. Mantener la distancia ayuda a estar en la objetividad y desde ella podemos intervenir con mejores resultados. Aprendamos a mirar los conflictos del aula desde ahí.

Durante este tiempo de docencia nosotras hemos aprovechado cualquier oportunidad para poner en marcha este proyecto coeducativo, pero somos conscientes de que cualquier intervención por mínima que sea (Celebración del 8 de marzo, Día contra la Violencia de Género o simplemente corregir una actitud sexista) siempre dejará una semilla en el corazón de quien la reciba.

Breve reseña personal:

Elsa Jayasuria Martín y Pino Santana Hernández nacen rodeadas de mujeres y a todas ellas están agradecidas.

Como si de hadas se trataran todas les enseñan el mundo interior y profundo de sus distintas generaciones, por eso siempre han sabido que son mujeres y así desean que las nombren. Con la inteligente fuerza de aquellas que venían de la guerra y la posguerra saben que su futuro está en la libertad y la independencia, camino que aún siguen andando.

Sus maestras le han enseñado que las mujeres de finales del siglo XX viven en la contradicción de arrastrar modelos “genéricos” y en la búsqueda de modelos nuevos. Esto les ha hecho recuperar algo más de calma y ser más pacientes a la espera de los cambios necesarios.

Piensan que la lucha personal y social debe seguir y que todas las fuerzas deben unirse para conseguir una convivencia sana, justa y equilibrada para todas las personas, sin excepción.

Saben que la única sabiduría posible es aquella que viene de la mano de la vida y de las relaciones sanas.